Día

abril 12, 2020

Te mostramos algunos de los paisajes más raros que podemos encontrar en el mundo, aunque varios parezcan de otro planeta.

1. Terrazas de arroz en Yuanyang. China

Estos arrozales son una de las más espectaculares creaciones humanas. Funcionan desde hace 1300 años al sur de China en donde las laderas se fueron modificando para permitir el cultivo de arroz en terrazas que se elevan desde los 100 msnm hasta los 2000. La zona permanece inalterable a través de los siglos ya que su ubicación remota y precarios accesos, dificulta la explotación turística.

2. Géiser Fly. Estados Unidos

Este lugar tan particular nació de un error humano. En 1916 se perforó un terreno del rancho Fly ubicado en el desierto de Black Rock en Nevada, Estados Unidos. Dieron con el agua pero, con una temperatura de 200 grados, la hacían inservible para animales y cultivos. Aunque el manantial fue tapado, años más tarde comenzó a emanar chorros a alta presión que generaron un géiser. Los sedimentos de carbonato de calcio pintan las rocas del lugar de intensos colores generando un paisaje de otro planeta.

(Foto: Lukas Bischoff/ 123RF).

3. Pamukkale. Turquía

Pamukkale es una localidad de Turquía conocida por sus aguas termales. Este lugar, que parece cubierto de nieve, se ubica en una zona templada y el agua de sus fuentes son ricas en minerales que emanan de terrazas de roca travertina blanca que se han solidificado en forma de cascadas y piscinas. Al conjunto del “castillo de algodón”, como se lo conoce, y a la antigua ciudad de Hierápolis, ubicada en las cercanías, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

(Foto: starush/ 123RF).

4. El Río Tinto. España

El Río Tinto recorre casi 100 kilómetros a través de la provincia de Huelva en Andalucía, España. Su particular color rojo, es el resultado de un proceso conocido como meteorización de minerales. A pesar de su elevada acidez y su alto contenido en metales pesados, en sus aguas viven microrganismos que se alimentan de minerales. La NASA eligió este lugar para estudiarlo por un posible parecido con las condiciones del planeta Marte.

(Foto: natursports/ 123RF).

5. Spotted Lake. Canadá

También conocido como lago Kliluk, el Spotted Lake se ubica en la frontera canadiense con Estados Unidos. En el “lago con manchas”, que permanece helado en invierno, durante el verano pueden verse 365 pozos con aguas de distintos colores debido a su riqueza mineral. Así, el sulfato de magnesio, el calcio, el titanio o la plata, tiñen el líquido con tonos amarillos, celestes, verdosos y hasta rosados. El lugar pertenece a una reserva india que hace cientos de años utilizaban sus aguas como remedio sanador.

(Foto: Galyna Andrushko/ 123RF).

6. Cascadas submarinas. Isla Mauricio

Ubicada al este de Madagascar, en el Océano Índico, en la Isla Mauricio ocurre un espectáculo natural, que en realidad es un efecto óptico, que solo puede verse desde el aire. Los depósitos de arena y de limo, empujados por las corrientes del océano, crean la ilusión de estar ante una verdadera cascada submarina. Los colores verdes, azules y blancos que se observan en las imágenes aéreas acentúan la sensación de ver una cascada cayendo al fondo del Océano Índico.

(Foto: Olga Khoroshunova/ 123RF).

7. Río Celeste. Costa Rica

Situado en el Parque Nacional Volcán Tenorio en Costa Rica, el río Celeste debe su nombre al color de sus aguas que van desde el celeste al turquesa. De origen volcánico, las aguas termales del río son ricas en minerales, como el sulfato de cobre y azufre, que hacen que el tomen un color similar al del cielo. Una cascada de 30 metros de altura y 17 de profundidad es uno de los principales atractivos del lugar.

(Foto: Galyna Andrushko/ 123RF).

Próximos a los Saltos del Moconá en Misiones, se ubica el Soberbio Lodge, en donde nos alojamos por un par de días. Me habían advertido de la salida del sol a las 7:30 hs (de la mañana para más datos). La tarde anterior elegí, para hacer fotos y videos del amanecer, el inmenso balcón de la última cabaña desocupada que limita con un gran valle cubierto de citronela. Más allá, la selva y montañas. Suena el despertador. Un ojo responde. Sin peinarme ni lavarme los dientes, salí corriendo en busca de las anheladas tomas. Pisé el entarimado del gran balcón causando bastante ruido. De todos modos la cabaña estaba ¿desocupada?. A poco de empezar a gatillar, por los ventanales se descorre una cortina. El señor en slip me miraba como solo se puede mirar al pelotudo que te despierta a las 7:30 de la mañana en un lugar al que llegás a descansar, escondido de ruidos y rutas. Él tuvo el decoro y la piedad de no salir. Yo, el tino de buscar otro amanecer. Pero, el desayuno nos iba a juntar. Pregunté a Carola, propietaria del lodge, quienes de los desayunantes estaban en esa cabaña, ya que vestido, no reconocería al Sr. Me acerqué a la mesa, era una pareja. Apenas esbozaba las disculpas del caso, a la tercer palabra (no sé como se dió cuenta) sonó el: “sos cordobés, mi señora también.” “¿Si?” (a esta altura creo que somos plaga). “Que bien, de capital?”. “No, de Salsipuedes”. Me quedó la duda si era verdad o era una amenaza. Pero ampliando una sonrisa vestida me tranquilizó: “no te hagás problema, solo nos hiciste desayunar un poco antes”.

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