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abril 28, 2022
El laberinto es un homenaje al escritor argentino Jorge Luis Borges

En Mendoza, con forma de libro y cargado de simbología, un laberinto es el homenaje al escritor que en vida deseó: “Quiero laureles verdes, reales, vivos, no esos de oro o metal”.

Ubicado en la finca Los Álamos, en San Rafael, en el sur mendocino, ocupa casi una hectárea y sus 8.000 arbustos de buj (Buxus sempervirens) generan unos 2.500 metros de senderos.

Desde la torre de 22 metros se observa como el marco del laberinto tiene la forma de un libro abierto y en “sus páginas” pueden verse el nombre y apellido del escritor, las iniciales de María Kodama y el número 86, la edad de Borges y el año en que falleció en Ginebra (1986). Los cercos vivos invitan, además, a descubrir parte de los símbolos borgeanos ocultos dentro del diseño como el infinito, representado por dos relojes de arena, el signo de interrogación y el bastón que el escritor usaba para caminar, entre otros.

Historia

El “laberintólogo”, y admirador de la obra de Borges, el inglés Randoll Coate, en 1979 diseñó un laberinto para homenagear al escritor argentino al que conoció en 1957 a través de una amiga en común, la escritora Susana Bombal, propietaria de la finca mendocina que Borges y su hermana Nora solían visitar y en donde hoy se erige el laberinto.

Sin embargo el proyecto tuvo que esperar hasta el 2003, cuando, ya fallecida Susana, su sobrino nieto, Camilo Aldao, junto a María Kodama y el paisajista Carlos Thays iniciaron su construcción.

Espacio familiar

El predio, además del laberinto, tiene grandes espacios verdes para disfrutar de un picnic familiar, una laguna rodeada de un “misterioso” cañaveral para los más chicos, una pulpería que ofrece comidas a la carta, una cava y un centro de interpretación en donde se destaca la maqueta del laberinto de gran ayuda para interpretar la obra.

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