Próximos a los Saltos del Moconá en Misiones, se ubica el Soberbio Lodge, en donde nos alojamos por un par de días. Me habían advertido de la salida del sol a las 7:30 hs (de la mañana para más datos). La tarde anterior elegí, para hacer fotos y videos del amanecer, el inmenso balcón de la última cabaña desocupada que limita con un gran valle cubierto de citronela. Más allá, la selva y montañas. Suena el despertador. Un ojo responde. Sin peinarme ni lavarme los dientes, salí corriendo en busca de las anheladas tomas. Pisé el entarimado del gran balcón causando bastante ruido. De todos modos la cabaña estaba ¿desocupada?. A poco de empezar a gatillar, por los ventanales se descorre una cortina. El señor en slip me miraba como solo se puede mirar al pelotudo que te despierta a las 7:30 de la mañana en un lugar al que llegás a descansar, escondido de ruidos y rutas. Él tuvo el decoro y la piedad de no salir. Yo, el tino de buscar otro amanecer. Pero, el desayuno nos iba a juntar. Pregunté a Carola, propietaria del lodge, quienes de los desayunantes estaban en esa cabaña, ya que vestido, no reconocería al Sr. Me acerqué a la mesa, era una pareja. Apenas esbozaba las disculpas del caso, a la tercer palabra (no sé como se dió cuenta) sonó el: “sos cordobés, mi señora también.” “¿Si?” (a esta altura creo que somos plaga). “Que bien, de capital?”. “No, de Salsipuedes”. Me quedó la duda si era verdad o era una amenaza. Pero ampliando una sonrisa vestida me tranquilizó: “no te hagás problema, solo nos hiciste desayunar un poco antes”.

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