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Mario Rodriguez

Cuenta la leyenda que Ansenuza, la diosa del agua, vivía en un palacio de cristal en una inmensa laguna de agua dulce. Poseía la deidad una belleza sin igual más era cruel y egoísta, y aunque nunca le faltaron pretendientes, no conocía el amor.

Un día, mientras recorría la orilla del lago, Ansenuza observó a un joven sanavirón tendido sobre la arena. Lentamente se acercó para atacarlo pero al ver al intruso inmóvil notó que se trataba de un fuerte guerrero gravemente herido. El joven, al advertir la presencia de la diosa esbozó una triste sonrisa, se sentía morir, y no podía admirar la hermosura que tenía enfrente. Ella inmediatamente se enamoró de él y, luego de cruzar sus miradas, sintieron un hechizo de amor que les conmovió el alma.

Pero las graves heridas del joven impidieron a la diosa salvarlo y murió en sus brazos. De pronto las calmas aguas del espejo comenzaron a agitarse fuertemente. Llena de angustia y tristeza, Ansenuza no pudo contenerse y comenzó a llorar sobre el cuerpo de su amado. Lloró tanto, tanto, que sus lágrimas volvieron saladas las aguas del lago.

¿Sabías? La leyenda del viento Zonda.

Al amanecer del día siguiente, el joven despertó y, gracias a las lágrimas curativas de la diosa, todas sus heridas habían cicatrizado. Al incorporarse notó la increíble transformación a su alrededor: la playa se había vuelto blanca y las aguas lucían turbias y saladas, pero su amada ya no estaba. Desesperado, el guerrero se metió en el agua a buscarla,  se alejó cada vez más de la costa y cuando el agua cubrió su cintura, comenzó a nadar. Sintió que su cuerpo flotaba como si alguien lo sostuviera y lo acariciara, fue entonces cuando supo que su amada estaba allí presente.

(Foto: Agencia Córdoba Turismo).

Más historias. La leyenda de la yerba mate.

Los demás dioses, testigos de aquel gran amor, convirtieron al joven guerrero en una hermosa ave de plumas rosadas y desde entonces, un elegante flamenco, custodia como un fiel guardián, las aguas curativas del Mar de Ansenuza.

Las fotos son gentileza de la Agencia Córdoba Turismo y la Municipalidad de Miramar de Ansenusa.

Te mostramos algunos pozos naturales convertidos en grandes piletas para nadar o bucear y cuya belleza difícilmente pueda ser imitada por la mano del hombre.

1. Hierve El Agua. México

Ubicada a unos 70 kilómetros de la capital del estado de Oaxaca, Hierve el Agua es uno de los principales atractivos ecoturísticos de México. Se trata de dos cascadas petrificadas, una de treinta metros de alto y otra de doce, formadas hace millones de años por el escurrimiento de las aguas que tienen un alto contenido de carbonato de calcio. En sus terrazas se formaron piscinas naturales poco profundas en donde refrescarse y disfrutar de una vista panorámica de la cadena montañosa.

2. To Sua. Samoa

Este “agujero gigante” (según su nombre), rodeado de una exuberante vegetación, se encuentra en Samoa, en el pueblo de Lotofaga en la costa sur de la isla de Upolu. Miles de visitantes descienden por una escalera de madera los para acceder a sus cristalinas aguas. Se trata de uno de los tantos pozos producidos por la erosión de la lava a través de miles de años, con una profundidad de unos treinta metros se alimenta con las mareas del Pacífico Sur.

(Foto: Martin Valigursky/ 123RF).

3. Sumidero Bimmah. Oman

Esta enorme pileta natural de unos cuarenta metros de diámetro se encuentra dentro del parque Hawiyat Najm en el desierto de Omán, en la península arábiga. El profundo agujero se produjo por el colapso de la superficie terrestre en donde la piedra caliza es más frágil que en otros sectores. La gruta está conectada por un túnel subterráneo con el mar lo que permite que las aguas turquesas fluyan permanentemente y se mantengan cristalinas.

(Foto: belikova/ 123RF).

4. Cenote Ik-Kil. México

Muy cerca de la ciudad de Chichén Itzá, en la península de Yucatán, México, se pueden visitar los famosos cenotes. Dz’onot es la palabra maya que significa “caverna con agua”, se trata de profundos pozos cuyo fondo está inundado por la filtración de las lluvias y por las corrientes de los ríos subterráneos. El principal es Ik-kil, rodeada de mucha vegetación, se baja por escaleras de piedra con pequeños balcones hasta la plataforma de acceso a sus aguas cristalinas y frescas.

(Foto: Diego Grandi/ 123RF).

5. Grotta Della Poesia. Italia

La “Gruta de la Poesía”, ubicada en la parte sur de Apulia en Italia, es una piscina natural que forma parte del sitio arqueológico de Roca Vecchia. El lugar, rodeado de un paisaje rocoso y de las aguas azules del Adriático, tiene una leyenda sobre una princesa que le gustaba bañarse en esta cueva y era tan bella que muchos poetas y artistas iban a observarla para inspirarse, de ahí su nombre.

(Foto: Stan Petru-Dorel/ 123RF).

6. Las Grietas. Ecuador

En el archipiélago de las Galápagos a pocos kilómetros de Puerto Ayora, al sur de la isla Santa Cruz, se encuentra Las Grietas, un angosto canal de unos cien metros de largo por siete de ancho y hasta diez metros de profundidad, producto de la fisura entre enormes paredes de roca volcánica inundado por agua fresca de mar y de lluvia en donde nadar y hacer esnórquel. Los lugareños, conocedores de la zona, aprovechan la altura de las rocas para tirarse desde lo más alto.

(Foto: mark52/ 123RF).

7. Giola. Grecia

La laguna Giola, en la isla griega de Thassos, es una pileta natural separada del Egeo por una angosta franja de rocas. Si bien la marea se encarga de llenarla, la temperatura del agua es sensiblemente más alta que la del mar por lo que un chapuzón se hace irresistible. El acceso a este lugar no es fácil pero vale la pena.

(Foto: Vasilis Ververidis/ 123RF).

Levante la mano el huésped que nunca guardó en su valija algún recuerdo de los hoteles que visitó. Generalmente se trata de pequeñas botellitas de champú, gorros de ducha, lapiceras o anotadores pero a juzgar por este informe, a algunos se les va la mano.

Antes que nada, aclaremos, cualquier objeto desechable puede volverse en tu bolso sin consecuencias legales. Los artículos de baño como el champú, el gorro de ducha, el kit dental, etc.; la ropa descartable para el spa como las babuchas y chancletas; los regalos promocionales con el logo del hotel como los blocks de notas, lapiceras, etc.; y claro, los bombones, chocolates o caramelos de bienvenida.

Estos son los artículos más robados, según la encuesta realizada por la web gadling.com.

1. Las toallas son lejos, el artículo más robado de los hoteles, junto con las salidas de baño y las perchas.

2. Las sábanas son otro de los artículos que suman peso en la valija de regreso del viajero, también los acolchados, mantas e incluso, almohadas.

3. El servicio a la habitación facilita la desaparición de los cuchillos, tenedores y cucharas (de cualquier tamaño) además de los platos, vasos y tazas.

4. El baño se suma a las escenas del delito: los secadores de pelo, las papeleras y las planchas. Los champús y enjuagues se pueden llevar pero la bonita canasta tejida con hojas de palma que los contiene, no.

Close up view on the bottles with cosmetics in the hotel bathroom

5. Los televisores suelen salvarse, son grandes y muchas veces están atornillados a la pared, pero los teléfonos, controles remotos y pilas, son presa fácil.

6. Algunos huéspedes se roban los focos de luz, además de otros artículos de decoración de la habitación como espejos, veladores, jarrones, etc.

El sitio gadling.com enumera otros artículos insólitos como las señales y carteles como los de salida de emergencia, el número de la habitación o cualquier otra señalética del hotel.

Un robo es un robo, pero según datos de los distintos hoteles encuestados, llevarse de un hotel una fotocopiadora, las puertas de un vestidor y hasta un aire acondicionado, es mucho más que una travesura.

Estrellas del robo

La página web sobre turismo de lujo Wellness Heaven consultó en 1.157 hoteles, de cuatro y cinco estrellas, cuáles fueron los artículos más robados en sus establecimientos. Lo llamativo del resultado es que reveló que los huéspedes se llevan objetos cada vez más grandes. Se observó que los televisores, tabletas y colchones (por extraño que parezca, 49 hoteles informaron haber sufrido el robo de colchones) fueron robados con mayor frecuencia en los establecimientos de mayor categoría, las pilas y controles remotos resultaron la especialidad de los visitantes de los de cuatro estrellas.

Turistas profesionales

En algunos hoteles han efectuado robos que han requerido el uso de destornilladores y otras herramientas para llevarse cuadros, picaportes, secadores de pelo, toalleros, espejos, aparatos electrodomésticos y de audio, etc.

El minibar también es una víctima. Es muy común que el huésped consuma una botellita de ginebra o vodka y la rellene de agua o, que haga lo mismo con las de whisky o coñac y sustituya el líquido por té.

Algunas medidas

Los robos, para los hoteles, significan una perdida considerable por lo que algunos instalaron medidas para evitar que se produzcan o al menos minimizarlos. Las perchas constan de dos partes y una de ellas está fija a la barra por lo que la otra pieza, la “robable”, queda inutilizada. En toallas y salidas de baño se instalan pequeños microchips que se activan al salir del hotel y en algunos minibares un sistema electrónico registra automáticamente en la cuenta del huésped el uso de cada botellita con solo sacarla del estante.

Fuentes:

lavozdelmuro.net/esto-es-lo-que-te-puedes-llevarte-de-un-hotel-sin-que-te-remueva-la-conciencia

gadling.com/2010/06/14/top-items-stolen-from-hotels-from-towels-to-plasma-tvs

casacochecurro.com/lo-que-mas-robamos-en-los-hoteles.html

cnnespanol.cnn.com/2019/12/09/colchones-cafeteras-y-una-cabeza-de-jabali-disecada-los-sorprendentes-articulos-que-se-roban-en-los-hoteles-de-lujo/

La cuarentena pasará y, poco a poco, volveremos a las rutas para conocer nuestro país. Mientras tanto, empecemos por sus raíces.

De noche Yací, la luna, alumbra desde el cielo las copas de los árboles y el agua de los ríos misioneros. Pero, el denso follaje de la selva no le dejaban ver las maravillas que, el sol le contó, existían sobre la tierra: los animales, la belleza de las flores, el piar de las aves, el sonido del río y los coloridos picos de los tucanes.

Un día bajó a la tierra acompañada de Araí, la nube, y juntas, convertidas en muchachas, visitaron los lugares que veían desde las alturas, maravillándose a cada paso, observaron como las arañas tejían sus redes, sintieron el frío del agua del río y tocaron la tierra roja con sus manos, estaban tan distraídas y felices, que no escucharon al yaguareté que se acercaba sigiloso y súbitamente saltaba sobre ellas. En ese momento se escuchó el silbido de una flecha disparada por un viejo cazador guaraní, que justo pasaba por el lugar, que hirió de muerte al animal. Las jóvenes inmediatamente desaparecieron y el tirador no supo que había salvado la vida de dos diosas.

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Esa noche, acostado en su hamaca, el viejo tuvo un sueño extraordinario. Volvía a ver al yaguareté agazapado, volvía a verse a sí mismo tensando el arco, volvía a ver a dos mujeres de piel blanca y larga cabellera. Ellas parecía que lo esperaban y cuando estuvo a su lado, Yací lo llamo por su nombre y le dijo:

(Foto: Mariano Mantel/ Flickr).

“Yo soy Yací y ella es mi amiga Araí. Queremos darte las gracias por salvar nuestras vidas. Fuiste muy valiente, por eso voy a entregarte un premio y un secreto. Mañana, cuando despiertes, vas a encontrar ante la puerta de tu vivienda una planta nueva que llamarán caá. Con sus hojas, tostadas y molidas, prepararás una infusión que acercará los corazones de tus seres queridos y ahuyentará la soledad. Es mi regalo para vos, tus hijos y los hijos de tus hijos.”

Al despertarse a la mañana siguiente, el cazador vio una planta desconocida de hojas brillantes y ovaladas que crecía por todos lados. Recordó las instrucciones de Yací y tostó las hojas y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca. Buscó una caña fina, vertió agua y probó la nueva bebida. Inmediatamente compartió la infusión con su gente que lo observaban curiosos. El recipiente fue pasando de mano en mano: había nacido el mate.

En 1945 un escuadrón de cinco aviones de la Marina de Estados Unidos desapareció en el aire durante un ejercicio de entrenamiento de rutina. Incluso un sexto avión enviado al rescate también desapareció. En total fueron 27 personas desaparecieron inexplicablemente. Estos eventos marcaron el comienzo de la fama del Triángulo de las Bermudas.

Se publicaron una gran cantidad de libros, muchos de los cuales se convirtieron en éxitos internacionales, y el más popular fue The Bermuda Triangle, de Charles Berlitz, publicado en 1974. Vendió 20 millones de copias en más de 30 idiomas.

Se calcula que, a lo largo de los años, cientos de barcos, al menos cien aviones y miles de personas han sido “tragados” en esta zona bajo extrañas circunstancias. Con los sucesos también surgieron muchas teorías para intentar explicarlos: monstruos marinos, viajes en el tiempo, secuestros por OVNIs, portales que conducen a otras dimensiones, fenómenos en el campo magnético, burbujas de gas metano y hasta la legendaria ciudad perdida de Atlantis, que descansaría en el fondo del triángulo tendría la culpa de las desapariciones.

Una explicación: olas gigantes

Científicos de la Universidad de Southampton en Inglaterra, en busca de una explicación lógica a las desapariciones, revelaron los resultados de su investigación sobre el enigma. Según el oceanógrafo Simón Boxall, un fenómeno natural conocido como “olas rebeldes” u “olas de tormenta extrema” podrían ser las responsables de las desapariciones en esta zona que abarca una superficie de más de un millón de kilómetros cuadrados. La formación de tormentas desde los tres puntos del Triángulo genera las condiciones perfectas para olas de hasta 30 metros de altura capaces de partir una embarcación en dos.

No hay ningún misterio que explicar

El divulgador científico australiano Karl Kruszelnicki señaló que el número de embarcaciones y aviones que desaparecen en la zona es el mismo que en cualquier otro lugar del mundo. Es importante tener en cuenta que el área dentro del Triángulo de las Bermudas es muy transitada por cruceros y buques de carga, por lógica, a mayor cantidad de barcos, mayor probabilidad de hundimientos.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) sostiene que el triángulo no existe oficialmente y no hay evidencia de que misteriosas desapariciones ocurran con mayor frecuencia en el Triángulo de las Bermudas que en cualquier otra zona grande y transitada del océano. De hecho, ninguna organización científica acreditada considera que el Triángulo de las Bermudas sea algo genuino.

Hoy en día hay científicos que tratan de explicar el fenómeno de las desapariciones y otros que afirman que no hay nada que investigar. No obstante, el lugar ha ganado fama y por más que pueda ser un fenómeno creado por errores, manipulación de misterios o pura invención, la duda existe.

La hermana poco conocida de Machu Picchu, comparte con esta la estructura arquitectónica pero, debido a lo remoto y exigente del viaje, Choquequirao es aún muy poco visitada por los turistas.

Choquequirao significa “cuna de oro” en quechua y por ser uno de los asentamientos incas más remotos en los Andes peruanos, se necesitan dos días de una exigente caminata para llegar. Se ubica en la cordillera de Vilcabamba a 3.050 metros sobre el nivel del mar y en la cima del cañón del río Apurímac, el más profundo de América, y con el nevado Salkantay, de 6.271 metros, a su espalda.

Existen varias especulaciones sobre su la historia y el papel de esta antigua ciudad en el mundo inca, puede haber sido una residencia real de Túpac Yupanqui; un centro administrativo y ceremonial, nexo entre el Cuzco y el Amazonas o, incluso algunos historiadores señalan a Choquequirao como el último refugio de los incas antes de que su imperio fuera destruido por los españoles.

(Foto: Rafal Cichawa/ 123RF).

Los arqueólogos calculan que este complejo arqueológico, además de estar muy bien conservado, es dos o tres veces más grande que el de Machu Picchu y que solo un 40 por ciento de su superficie está explorada y expuesta. Existen distintos proyectos para explotar masivamente el lugar. Uno de ellos impulsa la construcción de un teleférico en todo el valle para llevar a las ruinas a 3.000 visitantes diarios en un viaje de pocos minutos. Por lo tanto, para evitar las masas de turistas venideras hay que apurarse para ser uno de los treinta viajeros diarios que visitan esta antigua ciudad inca.

¿Cómo llegar a la antigua ciudad?

En Cusco se pueden contratar los tours hacia Choquequirao, en el caso de hacerlo por cuenta propia, primero hay que ir hasta el pequeño pueblo de Cachora, a 165 kilómetros de Cusco (unas 5 horas de viaje en bus), allí se pueden alquilar caballos y, por una cantidad más que razonable, un guía.

La caminata comienza con el descenso de unos 1500 metros hacia el cañón del Apurímac, para luego acampar y pasar la primera noche en Playa Rosalina. Al día siguiente se cruza el río para iniciar el ascenso entre cactus y senderos polvorientos, a medida que se gana altura el paisaje suma vegetación y se torna selvático hasta llegar a Marampata, sede del parque arqueológico y la puerta de entrada a las ruinas, allí se pasa la segunda noche para acceder temprano a la ciudad inca de Choquequirao.

El yacimiento arqueológico ocupa tres cerros y tiene doce sectores (algunos todavía enterrados), en torno a la gran plaza se encuentran numerosas edificaciones: templos, plataforma ceremonial, edificios administrativos y construcciones de dos pisos. Como es común en las los poblados incas, Choquequirao cuenta con el sistema de terrazas con canales de agua, para el uso agrícola de las laderas de los cerros y en sus andenes se observan las figuras de piedra conocidas como las “Llamas del Sol”

Definitivamente llegar a Choquequirao no es fácil, pero esta silenciosa (por ahora) ciudadela, escondida entre la naturaleza salvaje, recompensa cualquier esfuerzo.

(Foto: Daniel/ 123RF).

Recomendaciones para la caminata a Choquequirao

-Por el mal de altura se aconseja aclimatarse en Cusco al menos un día antes de hacer la caminata.

– Se recomienda tener una adecuada preparación física.

– Se aconseja empezar las caminatas muy temprano para evitar el calor.

– Indispensables: bloqueador solar, repelente de insectos, gorro o sombrero, zapatos adecuados, guantes para el frío, ropa de repuesto, botella de agua, snacks y medicinas de primeros auxilios.

Tristán de Acuña es un archipiélago británico en medio del Océano Atlántico y su vecino más cercano, la isla Santa Elena, está a 2.400 kilómetros. Se encuentra a 2.816 kilómetros de Sudáfrica y a 3.360 kilómetros de Sudamérica. La isla principal (que lleva el mismo nombre) tiene 98 kilómetros cuadrados y un difícil relieve montañoso debido a su origen volcánico. En la costa norte, en una de las pocas zonas llanas, se encuentra Edimburgo de los Siete Mares, la capital administrativa y, con unas 250 personas, es el único sitio habitado. El resto de las islas que componen el archipiélago, Inaccesible y Nightingale, están deshabitadas.

Tristán de Acuña no tiene aeropuertos y sólo se puede acceder por medio de embarcaciones que parten desde Ciudad del Cabo. No solo la distancia dificulta la llegada a la isla principal, para visitarla también se debe completar un trámite previo en donde se debe argumentar los motivos de la visita, aportar documentación y someterse a la aprobación del consejo.

El Libro Guinness de los Récords considera a Tristán de Acuña como es el lugar habitado más alejado de cualquier otro lugar habitado de la Tierra.

La cuarentena pasará y, poco a poco, volveremos a las rutas para conocer nuestro país. Mientras tanto, empecemos por sus raíces.

Mientras recorremos el Cañón del Triásico, a pocos kilómetros de Villa Unión en La Rioja, Fabián Páez de Runacay Turismo, nuestro guía local nos invita a dejar el lecho seco del río y a subir por una cuesta empinada para tener un mejor panorama de los altos paredones colorados que dominan el cañón. Fabián es el único que habla, y habla bastante, el resto, disfrutamos el paisaje. Hace silencio, comienza la ronda del mate y pregunta: “¿conocen la leyenda del Zonda?”

Más historias. La leyenda de la yerba mate.

Entregó otro mate y, con las manos libres para gesticular, empezó: “Antes que nada les cuento qué es el Zonda: se trata de un viento seco y caliente que sopla entre mayo y octubre que viene del oeste, del Pacífico. Comienza como un viento frío y húmedo que sube la cordillera de los Andes y descarga su humedad en las cumbres y luego desciende seco hacia los valles aumentando la presión atmosférica y la temperatura. A veces llega de manera violenta, con fuertes ráfagas de más de 90 kilómetros por hora y arrastra gran cantidad de polvo”. Toma su mate apurado para no perder el hilo y sigue: “Los cambios bruscos en la presión atmosférica y en la temperatura causan en algunas personas dolores de cabeza, trastornos cardiovasculares y crisis asmáticas, además, afecta el estado de ánimo de la gente con cambios de humor, depresión y ansiedad. Por si fuera poco, el vendaval puede causar incendios, caída de árboles, voladura de techos, interrupción de servicios, etc. Bueno, ya saben que es el Zonda, ahora la leyenda”.

“Cuentan los ancianos que les contaron sus ancianos que en el tiempo de los diaguitas, vivía un joven muy fuerte y valiente llamado Gilanco que sobresalía entre sus compañeros por su destreza para cazar con el arco y la flecha, y aseguran, que jamás erraba un disparo. Pero el chango tenía un gran defecto: la soberbia, que lo empujaba a demostrar que era superior, que todo lo podía.

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‘Sólo se cazan los machos adultos, las hembras preñadas y sus crías se respetan o desatarán la furia del dios Yastay’ decían los mayores. La tierra proveía lo suficiente para el sustento de esta tribu de agricultores y cazadores, pero no se debía hacer abuso de los recursos”.

El Cañón del Triásico en La Rioja, un lugar con muchas historias. (Foto: Mario Rodriguez).

“Gilanco desafiaba las leyes de su tribu, y mataba a los animales sin necesidad alguna, solo para demostrar que podía, incluso su vanidad lo llevaba a presumir de las matanzas. Esta actitud enfureció a Yastay, el dios protector de los animales, que se le apareció para advertirle que si seguía matando animales por diversión recibiría un inmenso castigo. Gilanco le obedeció, pero solo por unos días, luego prosiguió con las masacres desafiando al dios que se le presentó por segunda vez, ahora para condenarlo: “te condeno eternamente a correr como el viento por los valles con las furia de tu edad y llevarás el color de la sangre de tus víctimas. Solo te perdonaré cuando la gente de los pueblos que atravieses te acepten como un viento bondadoso”.

“Desde ese día, el Zonda o Huayra Puca (viento colorado) es el alma de Gilanco que pena por los valles en busca del perdón de Yastay, pero primero tiene que conseguir que la gente lo quiera”.

Finalmente, para evitar confusiones, Fabián aclara que: “esta historia se repite en todo cuyo y el NOA pero los pueblos la hacen propia, la hacen local con datos y ‘condimentos’ que van cambiando de acuerdo a las vivencias propias de la gente de cada lugar”.

Se encuentran en los desiertos de todo el mundo y representan el último refugio en el paisaje más inhóspito. Te invitamos a conocer a algunos, mirá bien, no son espejismos.

Oasis Ubari, Libia

Los lagos de Ubari se ubican en la región de Fezzan en el suroeste de Libia, uno de los países más secos y calientes de la tierra. Se trata de una docena y media de espejos de agua rodeados de palmeras en el interminable desierto del Sahara. La zona, con un promedio anual de lluvia de tan solo 8 milímetros, ofrece sol permanente y cielos despejados en todas las estaciones. Los lagos Ubari son muy salados, debido al hecho de que sus aguas se evaporan de forma continua y no tienen ríos de los que alimentarse.

Oasis de Huacachina. Perú

La laguna Huacachina se ubica a cinco kilómetros al oeste de la ciudad peruana de Ica. Conocida también como el “oasis de Américas”, es el único oasis de América del Sur. Si bien hoy no se recomienda bañarse en sus aguas, en la década del ´60 se transformó en un balneario muy popular, rodeado de palmeras, restaurantes, hoteles y negocios de recuerdos y productos locales. En las altas dunas se practican deportes como el sandboard y paseos en buggies.

(Foto: Iurii Buriak/ 123RF).

Wadi Bani Khalid. Omán

Wadi Bani Khalid se encuentra a 200 kilómetros de Mascate, la capital costera del sultanato de Omán, en el Medio Oriente. El agua que fluye durante todo el año en este oasis proviene de un arroyo subterráneo ubicado en la parte superior del valle, por lo que es destino turístico en cualquier época. La primera piscina es la más popular, la más grande y la más profunda, pero no la única, después de unos diez minutos de caminata se accede a las piletas superiores, mucho menos visitadas aunque igual de atractivas. En todo el sultanato se aconseja vestirse en forma “decorosa.

(Foto: Nicola Messana/ 123RF).

Parque Nacional de Lençóis Maranhenses. Brasil

Este oasis se encuentra en el estado brasileño de Maranhão y fue declarado Parque Nacional en 1981 para proteger unas 155 mil hectáreas de este mar dunas que ocupa 70 kilómetros de costa y 50 kilómetros hacia el interior. Las abundantes precipitaciones que recibe la zona, entre mayo y septiembre, forman lagunas de aguas cristalinas en medio de las dunas de arena. En sus playas, se pueden ver cangrejos y tortugas marinas además de recibir la visita de muchas aves migratorias.

(Foto: Ksenia Ragozina/ 123RF).

Oasis del Lago Crescent. China

El Lago de la Media Luna, como se lo conoce, es un oasis que existe hace 2.000 años y se ubica en el desierto del Gobi, a 2.500 kilómetros de Pekín y a unos 6 kilómetros al sur de Dunhuang en China. En los últimos años, a causa de la desertificación en la región, el lago había disminuido en su tamaño tubo que ser rellenado de agua recuperando una parte de su tamaño y profundidad. La zona, que vive del turismo, es visitada por más de medio millón de los turistas al año.

(Foto: Nithid Sanbundit/ 123RF).

Oasis Havasu, Arizona, Estados Unidos

En este oasis, ubicado en el Gran Cañón, las cataratas Havasu, con una cascada principal de treinta metros, forman piscinas naturales en medio de un paisaje desértico. El particular color del agua se debe a la piedra caliza del lecho, que refleja el color del cielo. Para llegar al lugar hay que caminar 16 kilómetros bajo el sol ardiente de Arizona o volar en helicóptero. El lugar forma parte de la reserva india de Havatsupai, que quiere decir “gente del agua azul verdoso”.

(Foto: David Crowther/ 123RF).

Oasis de Chebika, Túnez

El oasis Qasr el-Shams (“castillo del Sol” en árabe) se esconde en un cañón al pie de las montañas Djebel el Negueb, al sur de Túnez. La antigua población de Chebika que se encontraba en las cercanías, después de las inundaciones de 1969 se desplazó a una zona más llana. En el lugar hay pequeñas cascadas que forman piscinas rodeadas de palmeras en donde refrescarse. En el lugar se grabaron varias escenas de la Guerra de las Galaxias, Episodio IV.

(Foto: Darya Petrenko/ 123RF).

Ein Gedi, Israel

Ein Gedi es un oasis a orillas del Mar Muerto en el desierto de Judea en el sur de Israel. Fue declarado Reserva Natural en 1971 y es uno de los pocos lugares en donde los arroyos del desierto fluyen todo el año. Los senderos del parque siguen a los arroyos entre barrancos y acantilados en donde se forman cascadas y piscinas naturales rodeadas de una exuberante vegetación. En el oasis además puede verse parte de la fauna local, como zorros, lobos y cabras montesas de Nubia.

(Foto: kavram/ 123RF).

Entre los “patios” de los hoteles y la playa hay unos diez escalones de desnivel. Un impecable césped con palmeras alineadas mirando al mar decoran el resto de la bajada. Quizás por el temor a que alguna de las caipirinhas perdiera frío o por refugiarme bajo las sombrillas del chaparrón pasajero o, ese espíritu rebelde que tanto me caracteriza (.) opté por cortar camino e inicié el descenso por el pasto. “Cancha rápida” le dicen al terreno cuando lo mojan antes del partido. Lástima que esta cancha no termina en la línea de cal sino en una hilera de troncos secos de palmera. Las Havaianas aceleraron el deslizamiento, fueron movimientos rápidos, fugaces, muy pocos lo advirtieron. Rápidamente me incorporé, la arena caliente disimuló la renguera. Y juro por lo que más quiero que no perdí una sola gota de las bebidas.

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