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Argentina

Las termas más grandes de Argentina con todos los beneficios de sus aguas, actividades para la familia y gastronomía que vas a extrañar durante todo el año.

Se dice que los Incas venían desde el Cuzco a disfrutar de las energéticas “aguas milagrosas”, que brotaban calientes de la tierra. Con las mismas intenciones y muchas más, llegamos a Termas de Río Hondo después de seis horas en auto desde Córdoba. El calor de la tarde nos invita a relajarnos en la pileta termal del hotel Los Pinos.

Cerca del centro de la ciudad, la costanera, paralela al río Dulce, es uno de los atractivos del lugar. “Me recuerda a las calles de Ocean Drive en Miami: palmeras más, palmeras menos; es casi igualita”, bromea Juan Carlos Aguirre, cantautor local. Con casi cuatro kilómetros de longitud hasta el paredón del dique El Frontal, la rivera ofrece bicisenda, muelles, espacios verdes y, como dice el artista, muchas palmeras.

(Foto: Mario Rodriguez).

Al pie del murallón, armado con cámara con lente largo, me dispuse a fotear a las garzas y los biguás mientras se hacen un festín en la correntada. Alrededor, una gran cantidad de pescadores se congregan en espera del “pique”. “A mi marido no le gusta que lo filmen”, me retó una mujer cuando apunté al muchacho que pescaba con redes metido en el río, actividad totalmente prohibida.

Por una escalera lateral se accede a la parte superior del paredón que divide en dos al paisaje. De un lado, el lago del embalse, con sus campings y las playas adonde concurren los lugareños a practicar deportes náuticos y a pescar dorados y bogas. Del otro, el cauce del río Dulce y el nuevo campo de golf.

(Foto: Mario Rodriguez).

La gran palangana

Termas de Río Hondo no es un centro termal, afirman los locales. Asentada sobre 14 napas mesotermales que ocupan 12 kilómetros a la redonda, transforman al lugar en toda una “ciudad termal” o, como dijo un criollo “una ciudad asentada sobre una gran palangana”. Por tal motivo, para disfrutar del bienestar que generan estas aguas, solo se necesita abrir una canilla.

Para fierreros y nostálgicos

A seis kilómetros de la ciudad, la estatua del piloto megacampeón Valentino Rossi, idolatrado por los fanáticos del MotoGP, da la bienvenida al Autódromo internacional de Termas de Río Hondo. Integrado al circuito, el Museo del Automóvil es un impresionante espacio en donde se exponen autos, motos y distintos elementos del deporte motor.

El salón principal exhibe dentro de los autos deportivos al Fórmula 1 Benetton Renault de los ’90, y varios ejemplares del Turismo Carretera y el Sport Prototipo, como el Panizza Tornado de 1968 y la Liebre MKT III de 1969. Entre los históricos, el Delahaye de 1934 se lleva todas las miradas. Entre los de fabricación nacional, impacta el Justicialista cupé de 1953.

(Foto: Mario Rodriguez).

En el primer piso hay modelos de motos Harley-Davidson, Ducati, Indian y Puma, entre otras marcas, que van de 1906 a 2013. La segunda y la tercera plantas están destinadas al sector de palcos, con una vista inigualable del circuito internacional.

El Museo del Automóvil exhibe una joya a prueba de nostálgicos. ¿Quién de los que peinamos canas no se imaginó manejando el Mach 5, después del cole, viendo los dibujos animados de Meteoro? Está ahí, y funciona. Sobre el chasis y motor de un Corvette se montó la carrocería en aluminio y fibra de carbono, tapizado en cuero rojo cosido a mano y todos los detalles imaginables para replicar el legendario auto.

(Foto: Mario Rodriguez).

El golf, presente

El Termas de Río Hondo Golf Club inauguró su cancha de 18 hoyos. Diseñado por Robert Tren Jones II, el predio de 120 hectáreas ofrece un campo de alto nivel para los amantes del deporte. Los greens y bunkers de arena conviven con la vegetación autóctona y dos lagunas en donde se puede observar fauna local.

Además, cuando no hay jugadores, el club ofrece recorridos guiados para conocer la cancha. Juan Manuel Pereyra, director del golf, aconseja ir por la tarde: el atardecer desde las terrazas del club house es imperdible.

(Foto: Mario Rodriguez).

Disfrute full full

La pulsera del sistema todo incluido del hotel Los Pinos es un pasaporte a gran cantidad de servicios, comidas y bebidas. El primer all inclusive de Argentina, más allá de tratamientos termales para gente mayor, ofrece una variada propuesta recreativa para toda la familia.

En el resort hay suculentos desayunos y meriendas, además de almuerzo criollo los días sábado, con empanadas, locro y carne al asador. En cuanto a las instalaciones, gimnasio, spa termal, piscina cubierta, jacuzzi, cine, canchas de tenis, fútbol 5, paddle y un largo etcétera permiten organizar una estadía para todos los gustos.

(Foto: Mario Rodriguez).

Conclusión

Conocí Termas de Río Hondo con el prejuicio de que se trataba de un lugar destinado para personas de la tercera edad. Y claro que lo es, pero también es un lugar ideal para parejas que buscan tranquilidad, familias tipo y numerosas, pescadores, fierreros nostálgicos, golfistas y gente que quiere relajarse. 

Fotografías imperdibles de cuando cae el sol en Argentina y alrededores.

El difícil acceso, el clima hostil y señal nula hacen del Parque Nacional sanjuanino, un lugar inhóspito, en donde vivir una de las mejores experiencias viajeras.

Por la mañana, después del aconsejado desayuno liviano, nos dirigimos a la sede de la Intendencia de Parques Nacionales a cumplir con las normas obligatorias: registro del ingreso y presentación del certificado médico que avala nuestra buena condición para viajar a la altura.

Dejamos Rodeo y la caravana de cuatro camionetas se dispone a recorrer los 130 kilómetros hasta el ingreso al parque en cuatro, cinco, siete o nueve horas; difícil saberlo. Ha llovido los días anteriores y el camino se vuelve complicado.

Después de Angualasto y Malimán, el paso de La Chigua sobre el río Blanco representa el primer obstáculo: las aguas del deshielo primaveral hacen que el caudal crezca y supere largamente la altura del vado. Paso de rutina para los lugareños, aventura épica para los visitantes que merece fotos, videos y drones.

El caudal crecido del río Blanco representa el primer obstáculo en el recorrido hacia el parque. (FOTO: MARIO RODRIGUEZ).

Luego aparecen caminos de cornisa, pendientes abruptas y quebradas. Dejamos atrás El Chinguillo, último caserío que ostenta verde a su alrededor, y pasamos por más accidentes geográficos hasta llegar a una planicie con vegetación baja en donde un cartel indica el comienzo del Parque Nacional San Guillermo.

Refugiados

Agua del Godo es un refugio de montaña y el centro operativo de Parques Nacionales. Todavía queda luz y energía para empezar el recorrido. Los Caserones, a 3.480 metros sobre el nivel del mar, tiene un circuito para caminar entre gigantescas formaciones rocosas moldeadas por el tiempo y pequeñas piletas esculpidas que aún contienen agua de lluvia. En una grieta, el chinchillón permanece inmutable ante la invasión. A medida que ascendemos entre las moles, el paisaje se amplia, y nuestros coloridos rompevientos y los lejanos grupos de vicuñas y guanacos se ven como pequeñas manchitas en el paisaje. Oscurece y la temperatura baja rápidamente pero el día no termina. “¡Puma, puma, puma!”, gritó Diego, señalando al animal mientras frenaba la chata. Como ocurre en estos casos, la cámara tiene el lente inapropiado y, hasta cambiarlo, el animal empezó a trepar una de las tantas montañas coloridas. Corrí todo lo que pude. Las piernas empezaron a pesar y el corazón, a acelerarse; y la agitación me recordó que estaba a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. De todos modos, mientras recobraba el aliento, me sentía afortunado: no es común cruzarse con estos felinos.

Este inhóspito lugar, de difícil acceso, esconde un mundo de texturas y colores inimaginales. (FOTO: MARIO RODRIGUEZ).

Por la mañana llegamos al Punto Panorámico, un inmenso balcón desde donde es posible observar la gran variedad de texturas y colores que exhiben los cerros y picos nevados. Camino al refugio La Brea, al pasar por el sector conocido como “la Vega de Los Leones”, vemos a tres cóndores reunidos alrededor del cadáver de una vicuña; seguramente, los restos de la cena del puma.

Desde La Brea hacemos tres salidas más. La visita a las antiguas minas causa un particular impacto: se hace difícil imaginar la vida cotidiana en un clima tan extremo y parajes tan solitarios. Con la compañía permanente de vicuñas, guanacos y vientos, seguimos huellas que no se ven y, en todo momento, la exigencia de vehículos todo terreno para el ingreso al parque se justifica. Caminos complicados, arroyos todavía congelados y nieve no nos impiden acceder al último escalón: las lagunas de altura. Una, particularmente, está poblada de flamencos, patos y otras aves.

Con el tamaño de los vehículos se puede tomar la real dimensión de la inmensidad del lugar. (FOTO: MARIO RODRIGUEZ).

El clima extremo y la inmensidad del Parque Nacional San Guillermo lo hace parecer deshabitado. Así son los desiertos: te muestran espejismos, hacen nada por aquí, nada por allá pero de repente te regalan un rayo de vida en su forma más pura, cruenta o bella o todo eso al mismo tiempo.

Se recomienda vivir el desierto al menos una vez en la vida. San Guillermo es un buen lugar para empezar a amar esos lugares que parecen vacíos.

Para visitar el Parque Nacional Talampaya y muchos atractivos más del oeste riojano, nada mejor que arrancar en Villa Unión.

La Cuesta de Miranda en La Rioja, es un sinuoso tramo de la Ruta 40 por donde ingresamos al departamento Felipe Varela. Con abruptas quebradas de paredes rojizas y río en el fondo, es tan solo, una muestra gratis de lo que veremos.

“Rociarlo con agua y barrerlo todos los días”, nos dice Carlos Francés -presidente de la Cámara de Turismo de Valle del Bermejo- respecto al mantenimiento del piso de tierra colorada de su Parador Ruta 40, en la entrada de Villa Unión. En la mesa, la porción de chivito desborda el plato y se descorcha vino, riojano, obvio. El dulce de alcayota con quesillo y nuez, para el postre.

Cañones y pinturas rupestres

Desde Villa Unión, en vehículos 4×4, atravesamos la localidad de Banda Florida, el cauce casi seco del Bermejo y el cementerio para llegar al portón de ingreso del Cañón del Triásico. El recorrido de 25 kilómetros transcurre mayormente por el lecho pedregoso de ríos secos. El paisaje, con inmensos paredones rojizos y vegetación achaparrada, por momentos se cierra en angostos pasajes. Fabián, de Runacay Turismo, nos señala a un chinchillón en una saliente rocosa. Durante la caminata en una de las siete paradas previstas, encontramos la Cancha de Bochas, una zona sembrada de pelotas de piedra pulida. Durante las rondas de mate, Fabián aprovecha para ilustrarnos con las propiedades medicinales de las pocas plantas de la zona. Antes de ordenar el retorno, relata la leyenda del viento zonda.

Por la tarde, a diez kilómetros de la ciudad, llegamos al Cañón de Anchumbil. Después de un breve trekking por el cauce de un río seco, accedemos a un corredor de altas paredes laterales, con angostos pasadizos, cuevas y laberintos que nos conducen hasta una especie de alero, que pareciera proteger las pinturas rupestres de los aborígenes que habitaron la zona.

Un viaje al pasado

Visitar el Parque Nacional Talampaya -Patrimonio de la Humanidad- es un viaje a la prehistoria, cuando reinaban los dinosaurios. Es sin dudas el atractivo más convocante de la provincia, más de 50 mil visitantes al año pueden dar fe.

En un camión 4×4 recorrimos el Cañón de Talampaya y el Cajón de Shimpa. El vehículo cuenta con asientos en su techo, con acceso en algunos sectores para sentir el aire en la cara y fotear a gusto. La excursión dura cuatro horas y se divide en cinco paradas. Además de espectaculares vistas de todo el patrimonio arqueológico, durante el recorrido puede verse parte de la fauna local como guanacos, vicuñas, maras, zorros y cóndores, entre otros. 

En la primera parada vimos Los Petroglifos, los diseños grabados en la roca de la vida cotidiana de los primitivos habitantes de la zona. En la segunda, el Jardín Botánico, un bosquecito de flora autóctona entre farallones colorados de casi 150 metros de altura. Un sendero nos guía hacia La Chimenea, una hendidura cilíndrica tallada por el agua en donde, a la cuenta de tres, el “hola” de los visitantes se reproduce en incontables ecos. Antes de reiniciar la marcha, nos espera un abundante catering que incluye productos regionales.

En la tercera parada, se necesita hacer un paneo visual para abarcar la inmensidad de La Catedral, gótica, sin dudas. Entre otras caprichosas formas, también se distinguen la cabeza de un cóndor y un rey mago sentado en su camello. El Monje, El Tótem, La Torre, geoformas de más de 40 metros de altura, son los protagonistas de la cuarta parada. El Cajón de Shimpa, última parada, es un angosto cañón de los seis kilómetros de largo que no supera los siete metros de ancho, entre paredones de 80 metros.

La Quebrada de Don Eduardo, Ciudad Perdida, Cañón de Arcoiris son otros circuitos que pueden recorrerse a pie o en bici. El Cañón de Talampaya también tiene un recorrido nocturno.

Antes de iniciar el regreso, visitamos el Sendero del Triásico, un paseo didáctico –incluido con la entrada al parque y el único que se puede hacer sin guía- en donde se observan réplicas de varias especies de dinosaurios en tamaño real.

Las teleras y el tejedor  

A poco más de 40 kilómetros de Villa Unión, en Guandacol, nos reciben las “teleras”, una cooperativa de mujeres que rescatan el arte del tejido en el telar criollo. “Acá son dos besos” reclama con una sonrisa Estela como bienvenida. En el patio exhiben sus habilidades en la utilización del huso, la rueca y el telar para producir ponchos, mantas, caminos de mesa, etc.

Muy cerca, en la localidad de Santa Clara, en la Casona de los Fajardo, Nicolás Fajardo, profesor de arte y propietario del lugar, enseña las antiguas técnicas para tejer:

 “Un poncho puede llevar unos ocho meses de trabajo, a razón de tres horas diarias, por eso son tan caros” comenta, mientras ofrece una muestra en vivo de su trabajo en uno de sus telares.

Al atardecer llegamos al Vallecito Encantado. Se trata de una depresión del paleozoico, en donde la erosión del agua y el viento han esculpido extrañas geoformas tan rojizas como los cerros que rodean el lugar. La copa del mundo y el sombrero mexicano, son algunos de los nombres de estas particulares formaciones. La hora del día ayudó a que sus sombras proyectadas brindaran un panorama casi mágico.   

En el Vallecito Encantado, La Copa del Mundo, es una de las geoformas esculpidas por la naturaleza. (FOTO: MARIO RODRIGUEZ).

Y mucho más

Esa noche, de regreso a Villa Unión, durante la cena, los lugares visitados se sometieron a votación. No se revelará el resultado, solo aseguramos que La Rioja, no es solo el Talampaya.

Un viaje a una de las siete maravillas naturales del mundo ubicada en nuestro país.

Primera parada

Se toma el tren desde la “Estación Central” que parte cada media hora desde las 8.30. Se llega a la “Estación Garganta”, y se caminan unos 1100 metros por la pasarela hacia la Garganta del Diablo. Se pasea sobre el Río Iguazú superior, que se encuentra siempre rodeado de verde. En los primeros pasos, todos van sacando fotos. (El paisaje invita a sacar una foto tras otra)

Al ir acercándose a la meta, el sonido del agua cayendo (golpeando las piedras) comienza a tomar fuerza, al igual que la ansiedad de todos. Desde los últimos metros la vista es alucinante, la corriente de agua parece desaparecer de repente. Cada paso el ruido es más fuerte, el panorama se vuelve mágico.

Vista desde la pasarela. (Foto: Mario Rodriguez).

Desde la pasarela los turistas se enfrentan a la potencia de la famosa “Garganta del Diablo”, con una caída de más de 80 metros. El agua moja(Salpica) a los turistas, los “clicks” de las fotografías no dejan de sonar, los “wow” son la palabra más dicha y la emoción de conocer una de las siete maravillas naturales del mundo se siente en el ambiente.

La Garganta del Diablo. (Foto: Mario Rodriguez).

Segunda parada

El tren estaciona en la “Estación Cataratas”, allí hacen su primera aparición los coaties, unos muy divertidos animales que esperan un poco de comida.

Los coaties, unos amigables animales de las Cataratas. (Foto: Mario Rodriguez).

Es el turno del circuito inferior, tiene un total de 1700 metros que recorren algunos saltos imponentes como Dos Hermanas, Salto Chico, Salto Lanusse y Salto Alvear Nuñez.

Desde allí muchos turistas buscan el ángulo perfecto para obtener una fotografía panorámica de las Cataratas. En medio del río, se visualizan unas pequeñas lanchas realizando la excursión “La gran aventura”. Además, se logran unas increíbles vistas de la Isla San Martín, ubicada al frente.

Vista desde el circuito inferior. (Foto: Mario Rodriguez).

La gran aventura

Un imperdible de las Cataratas es la excusión llamada “La Gran Aventura”. Todos los tripulantes terminan mojados. No importa en qué posición de la embarcación se encuentren, el agua llega.

Primera parte

Desde la Oficina Central o desde el Centro de Visitantes se tomarán vehículos 4×4. Es importante presentarte con unos 10 minutos de anticipación al horario coordinado. La excursión tiene una duración de dos horas. En estos todoterrenos se recorren 5,5 kilómetros del sendero Yacaratiá en el medio de la selva hasta el puerto. En el camino se disfrutará de la naturaleza en todo su esplendor.

Al llegar se descenderán unos cien metros de puros escalones, es una caminata bastante ligera.

Segunda Parte

Antes de subir al gómon, la tripulación entrega bolsas para resguardar sus pertenecías y chalecos salvavidas. El motor se enciende y la embarcación se mueve, todos muy emocionados. Los celulares con fundas contra el agua filman las maravillas que van pasando a medida que se recorre los seis kilómetros del Río Iguazú Inferior. Ya mucho más cerca, el capitán permite realizar una parada técnica para sacar fotos.

La Gran Aventura es una experiencia única. (Foto: Lucero Rodriguez).

Ya en los saltos, el agua comienza a salpicar, al principio solo son gotas, luego parecen baldazos de agua en la cara. Casi no se puede mantener los ojos abiertos, entre gritos de emoción y risas, la embarcación termina debajo de ellos.

Alzar la vista es mágico, se puede apreciar la Garganta del Diablo en todo su esplendor. El agua cae sobre todo el gomón empapando, se siente una fuerza sobrenatural. El frío del agua comienza a sentirse, pero a nadie parece importarle.

Momento de fotografías. (Foto: Lucero Rodriguez).

A la vuelta las palabras del guía vuelven a sonar: no importa que se use, las cataratas mojan a todos por igual.

Algunos prometen volver, otros ya quieren tocar el suelo, pero algo es seguro: ninguno olvidará ese paseo.

Precios: El valor de la entrada para los residentes de Argentina depende de la edad:     

Mayor: $ 410,00

Niños: $ 130,00

Jubilados Pensionados: $ 80,00

Visitamos junto a Walter Chetoba uno de los humedales de agua dulce más importantes del mundo, un mundo semisumergido donde es difícil distinguir entre lo que flota y lo que no.

Es de noche cuando entramos a Colonia Carlos Pellegrini. No fue un ingreso silencioso, el viejo puente madera ofrece un resonante “clap, clap, clap” en todo su recorrido que delata a todo el que entra o sale.

En Ñandé Retá Lodge nos reciben con café recién hecho y alfajores de maicena. La pizarra anuncia un tentador menú para la cena, pero, quedará para después de la salida nocturna a los esteros del Iberá.

Dos imperdibles de los Esteros del Iberá, los paseos en lancha y los atardeceres. (MARIO RODRIGUEZ).

“Iberá es una palabra guaraní que significa aguas brillantes” comenta Darío, nuestro guía y piloto. Después de equiparnos con salvavidas y linternas, la lancha avanza y el agua refleja muchas más estrellas de las que estamos acostumbrados. De pronto el motor se apaga y el silencio y la oscuridad son absolutos. La linterna de Darío hace brillar los ojos de un yacaré negro, que ni se inmuta cuando la embarcación le pasa muy cerca. Un poco más lejos, una pareja de chajás es iluminada, milagrosamente guardan silencio mientras el yacaré agita su cola y desaparece.

El recorrido continúa por uno de los tantos canales hasta acercarnos a la costa que parece abrirse a nuestro paso. Las linternas buscan, pero no logramos distinguir nada entre la vegetación flotante. “Miren bien”, aconseja Darío y, como si estuvieran amaestradas, las pequeñas crías de yacaré comienzan a moverse para que podamos verlas.

El puente de ingreso a Colonia Carlos Pellegrini delata a quien entra o sale de la localidad. (MARIO RODRIGUEZ).

Naturaleza en tierra firme

Martín, guía de día y bandoneonista de noche, nos conduce por la mañana hasta el sendero Carayá para observar a los monos carayá o aulladores. El camino es un didáctico recorrido con carteles que identifican las distintas especies vegetales y animales que habitan la zona. La vegetación, en algunos sectores, es tan tupida que el día se hace noche y, arriba, en las copas altas de los árboles, los potentes aullidos del macho dominante erizan la piel.

Las largas pasarelas permiten penetrar en el quieto paisaje semisumergido de los esteros. (MARIO RODRIGUEZ).

Con protector solar iniciamos el recorrido costero de la laguna Iberá. Las largas pasarelas se elevan sobre el paisaje quieto que ofrece un desafío visual permanente. La maraña de plantas semisumergidas y la tierra que el viento arrastra, tejen islotes llamados embalsados. La cabeza de un carpincho –el roedor más grande del mundo– emerge entre lo que asemejaba ser un prado sólido, un ciervo de los pantanos parece flotar sobre la vegetación y más allá, una garza mora aterriza en el agua sin hundirse. 

Canales

Los paseos diurnos en lancha circulan por los arroyos Miriñay y Corrientes. Las tranquilas aguas ofrecen un circuito relajante y la vista no encuentra ningún obstáculo más allá de la vegetación baja que flota. Numerosos canales invitan a recorrerlos, pero queda la sensación de lo fácil que sería perderse en este mundo de referencias cambiantes.

Para completar el avistaje, un ciervo de los pantanos se alimenta sumergido en los pastizales de los embalsados, una mamá carpincho se aleja con sus cachorros y, en la superficie, garzas y numerosas aves hacen pie. Los chajás denuncian nuestra presencia con su clásico grito, un hocó colorado desenvuelve su largo cuello y atrapa una anguila y, al pasar por debajo del viejo puente rumbo al Miriñay, un grupo de niños se zambulle entre risas a pesar de que está prohibido. Las columnas de alta tensión son el refugio nocturno para cientos de biguás que se reúnen para dormir. Es impagable el regreso, con el sol de frente que desaparece en el horizonte y tiñe todo de rojo, y el spray de agua que moja la cara en cada curva.

Fauna autóctona

En Camba Trapo, ubicado 12 kilómetros de Carlos Pellegrini, el paisaje cambia. Si bien el agua es la protagonista, ahora son las palmeras caranday las que ocupan los terrenos inundados. Una caminata nos permite observar la vida natural de la zona, que ahora suma a las vacas y los caballos de las grandes estancias que allí se encuentran.    

En Camba Trapo, las vacas, los caballos y las palmeras caranday se suman al paisaje correntino. (MARIO RODRIGUEZ).

La ciudad chubutense encabeza los Traveller Review Awards 2020, que elige a los destinos más amigables y hospitalarios, elaborado por la plataforma de búsqueda de viajes, Booking.com.

El Parque Nacional Los Alerces, el famoso tren patagónico La Trochita y el centro invernal La Hoya son algunos de sus atractivos más conocidos de Esquel, Trevelin y localidades vecinas en la provincia de Chubut, pero, como hay mucho más, te contamos lo que conocimos el último otoño para que agendes.

Naturaleza sustentable

Desde Esquel visitamos la reserva de montaña Huemules, el camino poblado por la baja vegetación de la estepa patagónica a medida que ascendemos se suman los ñires, y más arriba, las coloridas lengas del bosque andino.

Después de almorzar entre árboles y arroyos, iniciamos un trekking por el lugar, el recorrido atraviesa bosques, montañas nevadas y lagunas congeladas. Té con jengibre y otras “yerbas” en el punto más alto antes de pegar la vuelta.

Con la preservación de la naturaleza y la sustentabilidad como objetivo, Huemules ofrece alojamiento en domos geodésicos, más fuertes para resistir el clima patagónico, de menor impacto ambiental y con las comodidades de un cinco estrellas.

La caminata por la reserva Huemules incluye montañas nevadas y lagunas congeladas. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Un lugar para perderse

“El laberinto es una metáfora de la vida: representa la búsqueda de cada uno” nos cuentan Doris y Claudio, propietarios del Laberinto Patagonia que cuenta además, con una casa de té. Ubicado en el valle del río Epuyén, cerca de la localidad El Hoyo, se trata del laberinto más grande de Sudamérica con 8.000 metros cuadrados y más de dos kilómetros de senderos por recorrer. Tiene nueve puertas que, activadas alternativamente, pueden cambiar el recorrido de manera que cada visita es una experiencia única.

El Laberinto Patagonia se ubica en un entorno de ensueño en el valle del río Epuyén. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Refugio de paz

Los ventanales de la cabaña Maitén dejan ver el calmo río Futaleufú. La Estancia La Paz tiene una cuidada forestación y sus senderos por tramos se tornan oscuros por la sombra de los árboles. El predio tiene 3.000 hectáreas dedicadas a la agricultura y la ganadería, que también se aprovechan para cabalgatas, mountain bike, trekking y pesca con mosca.

Después de largas jornadas dedicadas a la actividad física, es el turno de la piscina climatizada, los saunas seco y húmedo, los jacuzzis y la ducha escocesa. El golpe final, costillar a la llama y las historias de la familia Massardi, propietaria del lugar.

Los reflejos de las montañas en el calmo río Futaleufú justifican el nombre de Estancia La Paz. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Parque patrimonio mundial

Desde Trevelin ingresamos a la Portada Centro del Parque Nacional Los Alerces, Patrimonio Natural de la Humanidad. Visitamos un alero con pinturas rupestres de antiguas poblaciones que habitaban la zona. A pocos kilómetros, una importante cascada se esconde entre la abundante vegetación. El camino nos lleva ahora hasta Puerto Limonao, sobre el lago Futalaufquen, desde donde parten las excursiones lacustres en el parque.

Muy cerca llegamos a la antigua Hostería Futalaufquen, construida por el arquitecto Alejandro Bustillo. Sombre la costa hay matas de rosa mosqueta, zarzamoras, hongos rojos con pintitas blancas y arrayanes.

Después de algunos kilómetros cruzamos la famosa pasarela sobre el río Arrayanes. Iniciamos la caminata al borde del río Menéndez, con aguas color esmeralda. Intentamos abrazar un inmenso coihue pero no nos dan los brazos. Cruzamos el bosque hasta el puerto Chucao, sobre el lago Menéndez, desde donde parten las embarcaciones hacia el alerzal milenario. Allí se encuentran el alerce abuelo y otros ejemplares de más de 2.000 años.

El regreso lo hacemos por la costa del lago Verde. Maitenes, cipreses, radales, ñires y lengas, entre otras especies, colorean el paisaje otoñal.

El resto del ranking

La lista de Booking.com se completa con El Chaltén y El Calafate de Santa Cruz, Cafayate en Salta, San José de Entre Ríos, Sierras de la Ventana y Chascomús de Buenos Aires, Villa La Angostura en Neuquén, Colón de Entre Ríos y Chacras de Coria en Mendoza.

Ushuaia en verano, Tierra del Fuego. Argentina

Poder viajar por Argentina ya es un hecho, y dicen, que está bueno empezar de abajo (del mapa). Ushuaia ofrece una gran variedad de actividades al aire libre, tan recomendadas por estos tiempos, para disfrutar del fin del mundo con seguridad y además, aprovechar los beneficios del plan Previaje.

Aterrizar en el aeropuerto de Ushuaia no suele ser de las experiencias de viaje que podemos definir como “tranquilas”, los vientos cruzados suelen sacudir el avión pero, ante esta situación, la solución es asomarse a la ventanilla y observar, la vista hará olvidar de todo lo que ocurra alrededor.

Ushuaia es la única ciudad de Argentina que para llegar a ella, hay que cruzar la cordillera. Ocurre que la cadena montañosa corre miles de kilómetros paralela al océano Pacífico y en Tierra del Fuego cambia su curso desviándose hacia el Atlántico.

Durante la década del ’80, una ley de promoción Industrial hizo que llegara gente de todo el país a instalarse en la zona, por lo que Ushuaia tuvo un crecimiento rápido, aunque también desordenado, entre la cadena montañosa del Martial y el Beagle.

El faro Les Eclaireurs es el punto más lejano del paseo en catamarán por el Beagle. (Foto: Mario Rodriguez).

Habitante del canal

La costanera que bordea el centro de la ciudad es un buen lugar para tener el primer contacto con el fin del mundo, allí cohabitan el cartel corpóreo en donde tomarse fotos para certificar la visita, una gran variedad de aves que transformaron este territorio urbano en su hábitat natural y una de las clásicas postales turísticas de la ciudad: el remolcador Saint Christopher. Se trata de un barco que participó en el desembarco de Normandía, durante la Segunda Guerra Mundial y llegó a estas aguas en 1953 para tratar de reflotar el crucero Monte Cervantes, que había naufragado en 1930. La misión resultó un fracaso y, por los daños causados en su motor y timón durante las maniobras, encalló en el lugar en donde está hoy.

Lejos de las bombas, el viejo barco de guerra es un habitante más de la bahía y el cobijo para las distintas especies de aves que hacen sus nidos en su gastada estructura.

Navegación por el canal de Beagle

En la excursión por el Beagle, a bordo de un catamarán, se observa como el perfil de la ciudad con los imponentes montes Olivia y Cinco Hermanos a su espalda, se reflejan en las aguas heladas del canal.

Después de un corto recorrido, la embarcación llega a la Isla de los Pájaros en donde se pueden avistar cormoranes reales, gaviotas, ostreros, palomas antárticas e incluso cóndores, asentados en los peñascos más altos.

El circuito lleva luego hasta la Isla de los Lobos, con un importante asentamiento de lobos marinos de uno y dos pelos.

En la Isla de los Lobos puede verse gran parte de la fauna marítima de la zona. (Foto: Mario Rodriguez).

El punto más lejano del viaje es el faro Les Eclaireurs –al que no hay que confundir con el Faro del Fin del Mundo, que se encuentra en la Isla de los Estados–. Esta es “la postal” del lugar, no has visitado Ushuaia si no volvés con la selfie del faro detrás.

La isla Mary Ann, que forma parte del archipiélago de las islas Bridges, es última parada de esta excursión en donde, cuando el clima lo permite, se desembarca y se realiza un corto trekking.

Trekking a la Laguna Esmeralda

A 20 kilómetros de Ushuaia, en el Valle de Tierra Mayor, se encuentra la laguna Esmeralda, otro de los imperdibles de la zona que atrae a visitantes de todo el mundo.

Trekking a la laguna Esmeralda, Ushuaia
Para llegar a la Laguna Esmeralda hay que atravesar bosques, turbales y arroyos. (Foto: Mario Rodriguez)

El complejo Valle de Lobos es uno de los lugares desde donde se puede iniciar el trekking de baja dificultad que atraviesa bosques de lengas, turbales, castoreras y numerosos arroyos rodeados por montañas y picos nevados. Después de nueve kilómetros que pasan volando se accede a la laguna Esmeralda y sus aguas quietas que le hacen honor a su nombre.

La laguna Esmeralda se encuentra en el Valle de Tierra Mayor cerca de Ushuaia
La Laguna Esmeralda puede verse, recién en los últimos tramos del recorrido. (Foto: Mario Rodriguez)

Cruce de los Andes en 4×4 (y remos)

Para esta actividad que dura casi todo el día se recorren unos 60 kilómetros hacia el norte de la isla por la serpenteante Ruta Nacional 3, hasta el punto más alto del recorrido, a 450 msnm, y parada obligada: el Paso Garibaldi desde donde se observa el lago Fagnano y, si el clima lo permite, el Escondido (de ahí su nombre). Se inicia el descenso y los últimos kilómetros de asfalto entre aserraderos.

Vista del lago Fagnano y lago Escondido desde el Paso Garibaldi.
Desde el Paso Garibaldi pueden verse los lagos Fagnano y Escondido. (Foto: Leonard Zhukovsky/123RF)

Después de abandonar la ruta, comienza la adrenalina del 4×4 recorriendo “caminos” con barro y agua hasta desembocar en la costa del lago Fagnano. Luego se hace un corto trekking por el bosque hasta un refugio frente al Lago Escondido en donde se reponen energías con asado y un buen malbec. Finalmente, divididos en parejas, se abordan las canoas para navegar por el lago.

Crónica completa de la excursión CRUCE DE LOS ANDES EN 4X4

Otros recorridos recomendados

El Parque Nacional Tierra del Fuego, a 12 kilómetros de Ushuaia, es una reserva natural con 63.000 hectáreas que combina los entornos marinos de las costas del Canal de Beagle con los valles poblados de bosques, lagos, turberas y montañas, en donde habita una gran variedad de aves marinas además de una rica fauna autóctona.

El Trekking al glaciar Martial es una caminata de baja dificultad que puede hacerse en medio díahasta el famoso glaciar y el mirador de Ushuaia, con increíbles vistas de la ciudad y del canal de Beagle y sus numerosas islas.

Ushuaia para veranear

El día comienza a las 5 de la mañana y la puesta del sol es a las 22. Muchas horas para caminar, navegar y descubrir el fin del mundo.

Puerto madero en Buenos Aires. Argentina

A través de distintos tours, la ciudad invita a recorrer sus imperdibles y tradicionales atractivos de forma diferente. 

La ciudad de Buenos Aires se presenta imponente, agitada, intrigante. En cada visita queda la sensación de que uno quiere o necesita más: lo que se conoce nunca es suficiente. Partiendo de esa base, existe una serie de planes que permiten volver a recorrer los típicos lugares a los que uno siempre quiere regresar, pero de una manera innovadora.

Sobre ruedas por el barrio de los colores

Desde el Centro de Atención al Turista de Caminito (Av. Pedro de Mendoza 1900), y previa presentación de pasaporte o DNI, parte un circuito en bici que dura una dos horas y medio. En el recorrido es posible apreciar los lugares que identifican al famoso barrio: el primer cuartel de bomberos voluntarios del país; la usina de arte, actualmente utilizada para realizar diferentes actividades relacionadas con la cultura; y el estadio de Boca Juniors, conocido popularmente como “La Bombonera” y símbolo del barrio; además de Catalinas Sur, el Parque Lezama y el Parque de la Flora Nativa.

El colorido barrio de La Boca debe su nombre a que se ubica en la desembocadura del Riachuelo en el Río de la Plata.

Mientras se pedalea por las calles de la zona –preparadas especialmente para los ciclistas que no sólo realizan visitas guiadas sino que se movilizan en dos ruedas cotidianamente–, se puede contemplar en las paredes los murales realizados por diversos artistas durante las dos ediciones del festival Color BA. Los espacios públicos que se utilizaron incluyen fachadas de viviendas y fábricas que estuvieron de acuerdo en formar parte de la intervención. En total, 6.000 metros cuadrados fueron “remodelados” por distintos artistas, que les imprimieron su sello.

A lo largo del camino, el guía realiza explicaciones sobre algunos puntos. Las principales paradas se encuentran en Caminito, donde se brindan datos acerca de su historia; en el mural que da la bienvenida al barrio La Boca, donde es imposible no retratar el momento; y por último en el Parque de la Flora Nativa, con la imponente Bombonera de fondo.

El paseo es arancelada. Sólo mayores de 13 años pueden participar del circuito y hay que tener en cuenta que, al ser una actividad al aire libre, es propensa a suspenderse por lluvias. Se puede realizar martes y jueves a las 11 hs y a las 15 hs, mientras que los lunes, miércoles y viernes solo a las 15 hs.

Paseo con equilibrio

Una de las opciones que ofrece la ciudad de Buenos Aires permite descansar un poco las piernas pero requiere necesariamente de equilibrio: el surf urbano (importante: no está relacionado con el agua). Se trata de un monopatín eléctrico con el que es posible recorrer determinadas distancias a una velocidad de hasta 12 kilómetros.

Una manera muy divertida y distinta de conocer lugares inolvidables.

Lucero Rodriguez.

Junto al dique, en el Centro de Atención al Turista de Puerto Madero (Juana Manuela Gorriti 200), inicia la propuesta con una breve explicación sobre cómo utilizar los monopatines y la importancia de las protecciones.

Reserva Ecológica-Buenos Aires-Argentina
La Reserva Ecológica Costanera Sur, ubicada en el barrio de Puerto Madero, es una de las reservas urbanas más grandes de Latinoamérica. (Foto: Jeffrey Pick/Flickr)

Como parte del camino de ida, se pasa por la Reserva Ecológica y luego por el Paseo de la Gloria, con esculturas de grandes figuras del deporte argentino (no hay que olvidar los puestos de comida rápida que se encuentran junto a este punto; conviene hacer una anotación mental para volver después por cuenta propia). Esta primera fase finaliza en la fuente de Las Nereidas, creada por la escultora argentina Dolores “Lola” Mora.

A la vuelta se circula por los diques, con las grandes vistas que ofrecen los edificios de Puerto Madero y los locales gastronómicos. Se divisa el Puente de la Mujer y toca hacer una parada para escuchar una breve explicación y tomar fotos; con un poco de suerte, es posible disfrutar de los shows de baile que suelen armarse improvisadamente. Para finalizar el tour antes de volver al punto inicial se visita la Dársena Norte, actualmente ocupada por un edificio de Buquebus.

La alternativa de los monopatines eléctricos tiene una duración de una hora y media aproximadamente y, al igual que muchas otras visitas guiadas, es gratuita. Es importante tener en cuenta es que hay que realizar reserva, ya que los cupos son limitados. 

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