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Aventura

Córdoba es una de las provincias con más ríos subterráneos de Argentina y uno de los más interesantes está en Calamuchita.

Por Gustavo Scarpetta

En la Oficina de Turismo de La Cumbrecita nos recomiendan llevar agua, una muda de ropa “porque se van a mojar” advierten, y una linterna frontal para iluminar las cuevas. Nos dan los datos de los guías habilitados, . La aventura nos lleva al río Wildbach que se introduce entre las montañas y se hace subterráneo, siendo uno de los tantos atractivos de esta bella localidad del valle de Calamuchita.

Al iniciar la caminata, se cruza el arroyo Almbach por un puente de madera. Allí comienza el ascenso hasta el Cerro Wank de 1.715 metros de altura. Es una travesía de mediana dificultad, se asciende mucho en poco tiempo, por lo que es necesario llevar ropa cómoda y zapatillas adecuadas.

Desde la cumbre del Cerro, mientras se descansa de la subida, el panorama invita a ser fotografiado. Desde aquí, el camino ahora es más plano y tranquilo y no cansa tanto. Quedan aproximadamente treinta minutos de caminata para llegar.

Durante el trayecto, en medio de una vegetación increíble, el WildBach nos sorprende con una cascada de unos 20 metros. Otro lugar para descansar y fotear. El silencio del lugar se llena con el maravilloso sonido de la caída del agua.

Para bajar al río subterráneo se utiliza un canal de piedras que es el techo de curso de agua. Se desciende con sogas y sistemas de seguridad. Si bien algunos rayitos de luz se cuelan desde el exterior entre el laberinto de rocas acumuladas alrededor, la oscuridad es casi total, por lo que hay que llevar linternas. Las que se colocan en la cabeza son las óptimas porque nos dejan las manos libres.

El trecho subterráneo es de algo más de treinta metros y se pueden recorrer de ida y vuelta. El agua? muy fría, pero es un alivio después del trekking.

A 45 minutos del río subterráneo se puede visitar la Cascada Escondida, otro de los atractivos de la zona.

Se puede llegar al río también desde Villa Alpina. Otro de los sitios turísitcos dignos de ser visitados. La Villa se encuentra a 1.340 sobre el nivel del mar, es el punto poblado más cercano al Cerro más alto de la Provincia, el Champaquí. 

Calamuchita ofrece tres opciones para bañarse en aguas subterráneas: Wildbach, La Puente y Arroyo El Socavón, este último está cerca de Villa Alpina, en el camino hacia el cerro Champaquí. El arroyo de aguas frías tiene un sector subterráneo con grandes piedras que generan oscuras cuevas, y en donde es muy útil el uso de linternas frontales. Este lugar es visitado generalmente por las viajeros que hacen la travesía al cerro, aunque es un atractivo en si mismo que vale la pena conocer. 

La Cumbrecita, para enamorarse

La Cumbrecita es el único pueblo peatonal del país. Los visitantes estacionan sus autos en la playa comunal ubicada en la entrada de la localidad. La ruta provincial 5 que lleva hasta él, está completamente asfaltada. Si bien muchos cordobeses, llegan al lugar para pasar el día, se consigue alojamiento con precios para todos los bolsillos.

(Foto: Karol Kozlowski/ 123RF).

Una ciudad entre incaica y colonial, junto a una ciudadela de piedra entre los escarpados picos de los Andes: el viaje ideal para remontar los siglos en Perú.

Por Graciela Cutuli

Decir Perú es decir Machu Picchu, su postal más conocida en el mundo. Sin embargo, la ciudad de piedra que levantaron los incas en torno al siglo XV mantiene intactos sus misterios: ¿fue realmente una fortaleza militar anidada entre las altas cumbres de los Andes, a 2450 msnm? ¿Fue tal vez un centro ceremonial dedicada al culto que regía la vida de los antiguos pobladores? La duda sobre estas respuestas dura desde hace más de un siglo, desde que en 1911 el explorador norteamericano Hiram Bingham “redescubrió” este extraordinario conjunto arquitectónico, obra maestra de la ingeniería incaica, y comenzó un lento trabajo de restauración que puso a Machu Picchu en el mapa turístico del mundo. 

El viaje a Machu Picchu nunca viene solo: comienza en Cusco, el antiguo corazón de imperio que los incas conocían como Tahuantinsuyo, y abarca también el Valle Sagrado, una sucesión de pueblos que permiten acercarse a las más auténticas tradiciones de la cultura local. 

Cusco, de la Plaza de Armas a los templos

La llaman la “Roma de América” y era el “ombligo” del imperio de los incas: más allá de sus blasones, para el viajero moderno el primer impacto es la altura, porque se levanta a casi 3400 msnm. Nada que no pueda solucionarse con un mate de coca y unas horas para aclimatarse antes de empezar a recorrer la región. El segundo impacto es la imponente belleza de la Plaza de Armas, flanqueada por la catedral y el templo de la Compañía de Jesús: además de su magnificencia arquitectónica, que aprovecha los cimientos de los edificios incas, esta explanada es el centro de la vida cívica y escenario de parte del Inti Raymi, la fiesta del sol que se celebra el 24 de junio.

En la imponente Plaza de Armas se encuentran además, la catedral y el templo de la Compañía de Jesús. (Foto: Mark Green / 123RF).

Desde las alturas de la fortaleza de Sacsayhuamán, en las afueras de la ciudad, se la aprecia perfectamente, rodeada por un mar de calles y pasajes para explorar y adentrarse en la auténtica vida local. Entre todo el conjunto se destaca sin duda el templo que concentraba el culto al sol, el Qoricancha, transformado en el monasterio de Santo Domingo por los conquistadores españoles. Si queda alguna duda de la riqueza de la Cusco incaica, vale recordar que se dice que este templo estaba recubierto de láminas de oro. Para visitarlo conviene comprar el boleto turístico unificado que permite acceder a 16 sitios en 16 días: entre ellos Sacsayhuamán, Qoricancha, varios museos y sitios del Valle Sagrado. Si bien se pueden tomar excursiones hacia pueblos como Ollantaytambo, Urubamba y Pisac (famoso por su mercado), entre los más conocidos y abiertos a los visitantes, también se puede llegar desde Cusco tomando los minibuses que tienen punto de partida en la calle Puputi. 

El convento de Santo Domingo fue levantado sobre los cimientos del templo inca de Coricancha. (Foto: Aleksandra Kossowska / 123RF).

Machu Picchu

La ciudadela es accesible desde Cusco o bien desde la estación de tren Ollantaytambo (la opción más esforzada es a pie, recorriendo en cuatro días el Camino del Inca). El viaje en tren desde Ollantaytambo se realiza en vagones panorámicos que permiten perder la vista sobre el cauce del río Urubamba y llegar hasta el pueblito de Aguas Calientes, al pie de Machu Picchu. El último tramo se hace en bus por la famosa ruta Hiram Bingham, que caracolea sobre el flanco de la montaña. En la entrada del complejo se pueden contratar guías oficiales que resaltan el encanto de la visita: así, ya  en la ciudadela, se podrá disponer de todo el día para recorrer el conjunto de casas, espacios ceremoniales, terrazas de cultivo,  calles de piedra y construcciones hechas en roca increíblemente ensambladas. Y todo apreciando las vistas sobre el imponente Huayna Picchu, el famoso pico que sirve de telón de fondo y cuyo ascenso es un desafío reservado únicamente para piernas bien entrenadas. 

Muy cerca de esta ciudad se realizan paseos a caballo, una actividad imperdible para conectarse con la naturaleza y conocer las sierras bien de adentro.

Desde el puesto Quinceana, ubicado a 4 kilómetros de La Falda, en la Pampa de Olaen, parten las cabalgatas de medio día, día entero y las travesías de dos días. Los circuitos incluyen ríos, arroyos, trepadas y bajadas, senderos entre espinillos, pampas polvorientas y todo el combo que las sierras de Punilla pueden ofrecer.

“El setenta por ciento de las personas que participan en mis cabalgatas y travesías son mujeres”.

Sebastián Herrero.

Sebastián Herrero, guía matriculado en turismo alternativo y propietario del lugar, recibe a los visitantes con mates y pan casero. Hace seis años, las luces amarillas en su salud le pidieron un cambio y decidió dejar el estrés de su negocio de alarmas en la capital cordobesa, para instalarse en medio de las sierras. De boina, barba larga y bombacha, baja, como indica la moda, comenta sobre los inicios en la actividad, “alquilar caballos por hora no me cerraba, sabía que tenía que encontrar un diferencial, ofrecer algo distinto”. Entonces diseñó circuitos atractivos para recorrer a caballo, se animó a los recorridos largos, le sumó la mateada, el asado y fundamentalmente, la buena onda. Hoy, agota rápidamente las “monturas” cada vez que anuncia una travesía.

“A mis caballos los conozco mucho más que a ustedes” se sincera Seba a la hora de distribuir los animales, entonces, cada jinete adopta el nombre de su caballo. Así, yo soy Río, la jovencita de Santa Fe, Chocolate, el señor de Villa María, Piquín, etc. etc. Una vez montados, el tutorial de manejo incluye las nociones básicas: arrancar, doblar, frenar y las distintas posiciones frente a las irregularidades del terreno. Se abre la tranquera y en fila india iniciamos el recorrido, los perros África y Copito se suman al grupo sin respetar el orden, se adelantan, se pierden entre los espinillos, y se reincorporan totalmente mojados, el arroyo cercano les sirve para refrescarse del sol que ya “pica”. Seba tampoco respeta su lugar, recorre la hilera, charla y controla que todo esté bien, se aparta del sendero y trepa el cerro para lograr un mayor panorama e inicia un Facebook live. Este gaucho con wifi sabe lo que hace, disfruta y juega como un niño durante el paseo y contagia.

Después de dos horas de recorrido llegamos a Puesto Viejo. Mientras la caballada descansa a la sombra de la arboleda, en la orilla del río cercano circulan dos mates, a uno de ellos -a pesar de no estar bien visto-, se le puede agregar azúcar. Se suceden las charlas y las anécdotas hasta que nuestro anfitrión anuncia que hay que volver. Revisa y ajusta cada cincha antes de comenzar el regreso. Sopla una brisa que alivia el calor y permite disfrutar aún más del panorama. Los caballos aceleran el paso, saben que la jornada llega a su fin. A esta altura, Seba ya sabe los nombres de cada jinete.

Mateada y charla a orilla del arroyo con muy buena compañía. (Foto: Mario Rodriguez).
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