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La Agencia Córdoba Turismo alienta la visita a las pequeñas localidades del interior provincial en donde encontrar experiencias mágicas y paisajes de ensueño.

Cada pueblo y cada espacio, ofrecen características únicas y distintivas, son los ”Rincones Mágicos” escondidos en el interior cordobés que conservan su identidad e idiosincrasia plasmada en su patrimonio natural y cultural; su arquitectura, tradiciones, gastronomía, paisaje, historia, artesanías, e incluso el origen de sus pobladores.

El programa busca contribuir a la promoción de estas pequeñas localidades acompañando sus propuestas para el turista reciba una oferta turística diversificada además de fortalecer a aquellos destinos emergentes que ofrecen características únicas.

En el marco de la situación que se vive a nivel nacional y global, la Agencia Córdoba Turismo trabaja en distintos proyectos para poner en marcha el sector, a través de herramientas de capacitación, apoyos económicos y programas de fortalecimiento, que serán implementados en forma escalonada.

A través de una estrategia de comunicación definida, los turistas podrán conocer la propuesta de estos Rincones Mágicos y tener la posibilidad de vivir nuevas experiencias en entornos culturales diferentes, con paisajes únicos, con gastronomía autóctona y la hospitalidad de sus habitantes.

Pueblos con casonas coloniales, estancias, tesoros arqueológicos y naturaleza agreste; pueblos de artesanos, pueblos sustentables, pueblos con delicias gastronómicas, hierbas medicinales y olivos; pueblos con microclima y con aguas cristalinas y arenas blancas, son algunos de los Rincones Mágicos de Córdoba que iremos descubriendo uno a uno, muy pronto.

Se trata de una grieta en Kenia que en el futuro se convertirá en un océano, los territorios de Eritrea, Etiopía, Somalia, Yibuti y Kenia quedarían separados de África.

Millones y millones de años de actividad en las placas tectónicas separaron a lo que en un principio era un solo continente dividiéndolo en los que conocemos hoy. El comienzo de una situación similar se registra en Kenia, en donde apareció una grieta que en un futuro desprenderá al Cuerno de África del continente.

(Foto: Web).

En 2005, a 50 kilómetros de Nairobi, en el suroeste de Kenia, luego de semanas de intensas lluvias, inundaciones y temblores, la tierra comenzó a abrirse generando una fisura de quince metros de profundidad, veinte de ancho y varios kilómetros de largo. La zona se encuentra asentada en el llamado Gran Valle del Rift, una importante falla geológica y uno de los terrenos más inestables de África. Desde entonces, los geólogos monitorean este fenómeno natural, que ayuda a comprender como se generaron hace millones de años la separaciones de los continentes cómo los conocemos en la actualidad.

Pero tranquilos, no es algo que va a pasar de la noche a la mañana. La tierra se toma su tiempo en estos asuntos y, mediante el monitoreo satelital, los científicos coinciden en que la grieta se separa unos pocos milímetros al año, por lo que la conformación del nuevo continente llevará entre 5 y 10 millones de años. Lo que sí es una realidad es el inicio de la grieta en Kenia que se convertirá en un nuevo océano y dejará a tres países despegados del continente.

(Foto: Web).

Recorrer destinos cercanos, pasar más tiempo al aire libre y evitar las multitudes son algunas de las recomendaciones para el turismo pospandemia que hacen de los viajes en auto una opción en crecimiento. Te mostramos algunos de las rutas imperdibles de nuestro país.

El Corredor de la Ruta Azul. Chubut y Santa Cruz

La RN3 que va de Buenos Aires a Tierra del Fuego en sus 3.000 kilómetros recorre gran parte de la costa patagónica argentina. Un tramo de casi 800 kilómetros que nace en Bahía Bustamante en la provincia de Chubut y finaliza en el Parque Nacional Monte León en Santa Cruz, es el corredor turístico Ruta Azul. El camino ofrece una mezcla de la inabarcable estepa con el horizonte Atlántico.

(Foto: Daniel Ferreira-Leites Ciccarino/ 123RF).

Los Caracoles de Villavicencio. Mendoza

En la RP 52 de Mendoza, que une Uspallata con la capital provincial, se encuentra el tramo conocido como Los Caracoles de Villavicencio, son 55 kilómetros de camino de ripio con más de 250 curvas, que comunican a Uspallata con la Reserva Natural y el emblemático Hotel de Villavicencio. A pesar de la sinuosa traza sobre profundos precipicios, el recorrido no es difícil si se maneja con tranquilidad.

(Foto: Elena Odareeva/ 123RF).

Cuesta del Lipán. Jujuy

La Cuesta del Lipán, es un tramo de 17 kilómetros totalmente asfaltados, sinuosos y cuesta arriba de la RN52 que comienza en Purmamarca, al pie del Cerro de los Siete Colores, y alcanza su altura máxima en el Abra de Potrerillos (4.170 msnm), mirador obligado para contemplar el zigzagueante camino recorrido. Luego de la cuesta, la ruta desciende hacia las Salinas Grandes, a 3.450 msnm.

(Foto: Damien Roué/ Flickr).

Camino de los Siete Lagos. Neuquén

La Ruta o Camino de los Siete Lagos es un tramo asfaltado de la Ruta 40 entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, en Neuquén. El lago Nahuel Huapi es el primero de este itinerario pero no está contemplado dentro de los “siete” que son: el Correntoso, el Espejo, el Escondido, el Villarino, el Falkner, el Machónico y el lago Lacar. El circuito ofrece además de los espejos de agua, bosques andinos, ríos y montañas nevadas.

(Foto: Gábor Kovács/ 123RF).

Camino de las Altas Cumbres. Córdoba

El Camino de las Altas Cumbres es la ruta de acceso al Valle de Traslasierra y sus pintorescos pueblos al pie del Champaquí, la montaña más alta de la provincia con 2.790 metros. El recorrido atraviesa un cordón montañoso con impactantes vistas desde la altura y del Parque Nacional Quebrada del Condorito, ubicado en la zona, provienen los cóndores que sobrevuelan parte del recorrido antes de iniciar la bajada hacia la turística Mina Clavero.

(Foto: Mario Rodriguez).

Cuesta de Miranda. La Rioja

Ubicada entre las localidades de Nonogasta y Villa Unión en la provincia de La Rioja, la Cuesta de Miranda es un sinuoso tramo de cornisa, totalmente asfaltado, de la Ruta 40. El trazado ofrece cerradas curvas y abruptas quebradas de paredes rojizas que caen en el río Miranda. El punto más elevado de la cuesta está ubicado a 2.020 msnm y desde los miradores, el panorama se abre hacia los cuatro puntos cardinales.

(Foto: Mario Rodriguez).

Teniendo paisajes para todos los gustos (y bolsillos), muchas veces elegimos los destinos más conocidos. Hoy te mostramos diez lugares de nuestro país que no están entre los más populares pero que bien merecen una visita.

Ojos de Mar son tres pequeñas lagunas de color turquesa que resaltan en la blancura del salar de Salta, a 5 kilómetros de la localidad de Talar Grande y a 380 kilómetros de la capital provincial. (Foto: Maurizio Giovanni Bersanelli/ 123RF).
Ubicado en el departamento catamarqueño de Antofagasta de la Sierra, el Campo de Piedra pómez luce como un mar de rocas blancas y rosadas, talladas por el inclemente viento que baja de los Andes. Las excursiones al Campo de Piedra Pómez parten desde la localidad de El Peñón. (Foto: Marcelo Aguilar/ Flickr).
Los Saltos de Moconá, en la provincia de Misiones, se formaron debido a una falla geológica de tres kilómetros que corre paralela al río Uruguay. Estas cataratas, pueden alcanzar los 14 metros de altura, dependiendo del caudal del río. (Foto: Visitemos Misiones).
Rodeada de volcanes, la Laguna Brava se oculta en la cordillera riojana a más de 4.000 msnm. Sus 17 kilómetros de largo de aguas azules y turquesas, con playas de grava y sal, son el hogar de cientos de flamencos. (Foto: Mario Rodriguez).
Epecuén nació como una villa turística a orillas del lago homónimo en la provincia de Buenos Aires. Las aguas termales del lugar convocaron a multitudes por décadas hasta que, en 1985, una inundación dejó a todo el pueblo bajo el agua y hoy está abandonado. (Foto: Nickalbi/ 123RF).
El dique Cuesta del Viento, en la localidad de Rodeo, a 200 kilómetros de la capital de San Juan, ofrece aguas calmas por la mañana, y por la tarde, los fuertes vientos lo transforman en una vertiginosa pista de windsurf y kitesurf de fama mundial. (Foto: Mario Rodriguez).
Situada en Malargüe, al sur de la provincia de Mendoza, la Reserva Natural La Payunia es una de las zonas con mayor concentración de volcanes del mundo. Sobre el suelo cubierto de lava negra se erigen más de 800 volcanes inactivos. (Foto: Martín Benitez/ Flickr).
Entre Caviahue y Copahue, en la provincia de Neuquén, se encuentra la cascada del río Agrio, un salto de 60 metros de altura, que en su estrepitosa caída forma una pileta natural con verticales paredes de coloridas rocas basálticas. (Foto: Mario Rodriguez).
En el Parque Nacional Lago Puelo, en la provincia de Chubut, se pueden hacer paseos lacustres, rafting, caminatas y cabalgatas rodeados de la selva valdiviana. A 140 kilómetros de Bariloche. (Foto: Danilo Vieira/ 123RF).
En el valle de Tierra Mayor, a 20 kilómetros de Ushuaia, se encuentra la Laguna Esmeralda. Para acceder a este paraíso escondido hay que caminar unas dos horas entre bosques de lengas y coíhues, castoreras y turbales. (Foto: Mario Rodriguez).

Ocurrió mucho antes que la llegada de los españoles a estas tierras que el heredero al trono del Imperio Inca, un niño aún, estaba muy enfermo. Una extraña dolencia lo mantenía postrado. Las plegarias y las medicinas de los hechiceros nada lograban y se desesperaban por no poder sanarlo. Convocados los grandes sabios del imperio, le aconsejaron al Inca, su padre, que buscara la cura del príncipe muy al sur de sus dominios, en donde se encuentran las aguas de una vertiente, con poderes sanadores.

Se preparó entonces el viaje con una gran comitiva formada por guerreros, cortesanos y obreros que partieron en caravana en busca de las aguas milagrosas.

Marcharon durante meses y después de superar grandes obstáculos y con sus fuerzas agotadas, se detuvieron frente a una profunda quebrada, en cuyo fondo corrían las aguas de un río tempestuoso que les impedía la marcha. En el lado opuesto, estaba el codiciado manantial en donde se curaría el niño pero, el lugar era inaccesible. Buscaron durante mucho tiempo la forma de llegar hasta las milagrosas aguas, pero todo era en vano, la realidad les indicaba que no podrían cruzar y tendrían que volver a Cuzco, con el heredero incluso más enfermo aún, debido a los trajines del viaje.

(Foto: Martin Schneiter/ 123RF).

En un último intento, antes de emprender el regreso, la gran comitiva le rogó a sus dioses Inti, el sol, y a Quilla, la luna, para que los ayudaran y luego los guerreros, que amaban a su príncipe y estaban dispuestos a sacrificarse por él, entrelazaron sus brazos y piernas para formar un puente humano. El rey caminó por encima de sus espaldas, con su hijo en brazos, y así lograron llegar hasta la fuente termal que curaría al niño. El gran señor se volvió hacia sus hombres para agradecerles pero, sorpresivamente, todos se habían petrificado. 

Allí fue que, según la leyenda, nació el famoso Puente del Inca, una maravilla única en el mundo, en la cordillera de los Andes. El lugar, custodiado por el Aconcagua, está rodeado de aguas termales ricas en minerales que alivian distintas afecciones.

Con sus 120 kilómetros de largo por 25 de ancho, Fraser Island, situada en la costa este de Australia, a 30 kilómetros de Brisbane, es la isla de arena más grande del mundo, y mucho más. Se accede a ella por medio del transbordador y solo se permiten los vehículos todo terreno para recorrerla.

 “K’gari” como la llamaron sus primeros habitantes, la tribu de los batchulla, puede traducirse como “paraíso” y según cuentan las leyendas aborígenes australianas, los dioses querían un paraíso en la tierra así que eligieron este lugar, lo poblaron de bosques, lagos, dunas y especies de animales únicas, un verdadero paraíso terrenal.

Fraser Island, Patrimonio de la Humanidad desde 1992, es un enorme banco de arena de 1600 kilómetros cuadrados en donde crecen frondosos bosques tropicales, lagos de cristalina agua dulce, gigantescas dunas además de ser el hábitat de una fauna y una flora difícil de encontrar en cualquier otro lado del planeta.

Entre sus sitios imperdibles se destaca la 75 mile beach, una inmensa playa con 120 kilómetros de arena blanca, con selva de un lado y mar turquesa del otro, aunque las fuertes corrientes y la presencia de medusas y tiburones desalientan a los bañistas que eligen un chapuzón seguro en algunos de los lagos de la isla.

El lago Mckenzie, el más popular entre los turistas, se nutre solo de lluvia y sus aguas son transparentes como un cristal dejan ver la arena extremadamente suave y fina. En el camino hacia este lugar, numerosos carteles advierten sobre la presencia de dingos, se trata de perros salvajes que vagan libremente por la zona y pueden ser muy agresivos.  

Fraser Island es un cementerio de barcos que han naufragado en sus costas a lo largo de los siglos. El más conocido es el El Maheno ShipWreck, luego de encallar en 1935, fue utilizado como blanco para practicar el lanzamiento de bombas al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hoy es un casco oxidado varado en la playa que sigue atrayendo la atención de los visitantes de la isla.

Al norte del naufragio, en las arenas coloreadas de pináculos se pueden ver los 72 colores de las formaciones de arena que son el resultado de la erosión del viento, la lluvia y la fusión de arena con la arcilla, durante miles de años.

Hace mucho tiempo un antiguo pueblo de la patagonia vivía cerca de los bosques de pehuenes o araucarias, árboles que consideraban sagrados y a su sombre se reunían para rezar, les hacían ofrendas y adornaban sus ramas con regalos, pero no recolectaban sus frutos, como no tenían un buen sabor pensaban que eran venenosos y no se podían comer y los dejaban esparcidos en el suelo.

Un año, el invierno fue particularmente largo y crudo, la tierra permaneció cubierta de nieve, los ríos se congelaron y las aves emigraron. Incluso el Dios creador, Nguenechen, no escuchaba las plegarias y sobrevino un período de hambruna que, a duras penas soportaban los más fuertes pero los niños y los ancianos comenzaban a morir.

Los piñones de la araucaria son comestibles y tienen alto valor nutricional y tradicionalmente se los consume hervidos o tostados. (Foto: Rodrigo De Souza Mendes Junqueira 123RF).

Entonces, los viejos de las tribus mandaron a los jóvenes a recorrer la región en busca de alimentos pero, a los pocos días, volvían hambrientos sin haber encontrado nada para comer.

Un muchacho, después de recorrer una región barrida por el viento, montañosa y árida, regresaba famélico, muerto de frío y con las manos vacías, se cruzó con un anciano de larga barba blanca que se le unió en el camino. Anduvieron juntos un buen rato y el viejo le preguntó qué buscaba en aquella zona de tierra arenosa y pobre, el muchacho le contó de las penurias que estaba pasando su tribu y de la vergüenza que le causaba no haber encontrado nada para ayudarlos. El desconocido lo miró extrañado y le preguntó:

¿No son suficientemente buenos para ustedes los piñones? Caen del pehuén cuando están maduros y con una sola piña se puede alimentar a una familia entera.

Bastó con mirar a su alrededor para darle el nombre a Villa Pehuenia, fundada en 1989, a orillas del lago Aluminé en Neuquén. (Foto: Mario Rodriguez)

El muchacho, confundido, le contestó que siempre habían creído que Nguenechen prohibía comer los piñones por ser venenosos y además, muy duros.

Entonces el viejo le explicó que era necesario hervirlos hasta que se ablanden o tostarlos al fuego y, antes que el joven pudiera decir nada, desapareció. Nuevamente solo, el muchacho, sin dudarlo, juntó las vainas más grandes que encontró y corrió hacia su pueblo.

Después de contar las novedades a los viejos, se hizo un prolongado silencio hasta que uno de ellos dijo:

Ese viejo no puede ser otro que Nguenechen, que bajó para salvarnos. Vamos, no despreciemos su regalo e inmediatamente convocaron a toda la gente.

La tribu entera participó de los preparativos, acarrearon agua y leña para el fuego, incluso muchos salieron a buscar más piñones que luego hirvieron y tostaron e hicieron un gran festín. Se dice que, nunca más pasaron hambre y, también desde ese día, se llaman a sí mismos pehuenches.

El Nishiyama Onsen Keiunkan es un hotel que abrió sus puertas en el año 705 ¿hiciste la cuenta? lleva nada menos que 1315 años funcionando. Ubicado en Japón, en la prefectura de Yamanashi, el longevo establecimiento está enclavado en las montañas en el pequeño pueblo de Hayakawa, de 1200 habitantes. En 2011, fue certificado en el Libro Guinness de los Récords como el hospedaje más antiguo que existe a nivel mundial.

Otra de las curiosidades que tiene el establecimiento, es que desde su apertura, siempre estuvo bajo la dirección de la misma familia durante 52 generaciones. Su primer propietario, Fujiwara Mahito, era nieto de un ayudante de campo del entonces emperador Tenji. Incluso dentro del personal de la posada hay familias que se han desempeñado en el mismo puesto durante varias generaciones.

El hotel lleva funcionando trece siglos bajo la dirección de la misma familia. (Foto: Nishiyama Onsen Keiunkan)

No hay acceso a Internet y los huéspedes reciben en el check in, ropas tradicionales para utilizar durante la estadía además de la obligación de no usar zapatos dentro del edificio.

La posada ofrece 37 habitaciones de alto nivel, y si bien todas fueron renovadas en 1997, conservan el estilo clásico japonés. La noche cuesta alrededor de 360 euros que incluye una cena de sofisticada gastronomía y un desayuno muy elaborado.

Ubicado en medio de una cordillera, el principal atractivo turístico del hotel es el balneario, con cuatro baños al aire libre y dos interiores, se alimenta de aguas ricas en minerales, procedentes de filtraciones naturales y que permiten disfrutar de baños termales a una temperatura de 52 grados.

El Monte Fuji, un símbolo de Japón, se encuentra a solo dos horas y media en auto desde el hotel. (Foto: Siraphol/ 123RF).

El Nishiyama Onsen Keiunkan se encuentra se encuentra a dos horas y media, en auto, del Monte Fuji, la montaña más alta y uno de los símbolos de Japón, y a casi cuatro horas del Parque de Monos de Jigokudani en donde ver a los famosos macacos dándose baños calientes en las termas naturales rodeados de nieve.

Un dato extra: el segundo hotel más antiguo del mundo, también está en Japón, se trata del Hoshi Ryokan, con apenas 1302 años de vida.

Uno de los mayores atractivos del hotel son los baños en sus aguas termales. (Foto: BlueOrange Studio/123RF).

Cuentan los más viejos de la tribu que hace muchos, muchos años, vivían en lo que hoy conocemos como el litoral argentino, dos tribus guaraníes que se volvieron enemigas, había pasado tanto tiempo que ya ni se acordaban porque se habían peleados pero, Poty, la bella hija del cacique de uno de estos pueblos, estaba enamorada de Guanumby, un joven guerrero que pertenecía a la familia rival.

Los jóvenes mantenían su amor en secreto y solían verse al atardecer pasando el bosque cercano, bajo un sauce criollo a la orilla de un pequeño arroyo.

Un día, la hermana de Potí, que sospechaba de los habituales paseos de la joven, la siguió sigilosa hasta el monte y descubrió el secreto de los enamorados. Sin dejarse ver, regresó corriendo a contarle las novedades a su padre. Desde ese día, la joven tuvo prohibido volver a ver a Guanumby y además le ordenaron casarse de inmediato con uno de los suyos.

Sin saber nada, al atardecer del día siguiente, el muchacho cruzó el monte blanco y esperó bajo el sauce. Pero Potí nunca llegó. Ni ese día, ni el siguiente. Afligido, se acercó a la aldea enemiga, con el riesgo de ser descubierto y que lo mataran pero no pudo ver a la joven. La Luna, apenada por el inmenso dolor de Guanumby, le contó lo que había sucedido y agregó:

–Anoche he visto a Poty, no para de llorar, está desesperada porque su padre le ordenó que se case con un hombre de su tribu y ella se niega a hacerlo. Tupá (Dios supremo de los guaraníes) cuando escuchó su lamento y vio la tristeza que la embarga, se apiadó de ella y la transformó en una flor.

–¿En una flor? Preguntó el joven enamorado. ¿En qué clase de flor? ¿Dime Luna, cómo puedo encontrarla?

–¡Ojalá pudiera ayudarte amigo. No puedo decírtelo porque no lo sé! Contestó la Luna.

El muchacho, atormentado por la noticia, solicitó la ayuda de su dios:

–¡Tupá, por favor, tengo que encontrar a mi amada! Sé que en los pétalos de Poty reconoceré el sabor de sus besos. ¡Ayúdame a encontrarla!

De pronto, el cuerpo de Guanumby fue disminuyendo cada vez más, hasta hacerse muy pequeño y convertirse en un ágil pajarito de muchos colores, que rápidamente salió volando. Era un picaflor.

Desde entonces, el joven enamorado pasa sus días recorriendo las ramas floridas y besa fugazmente los labios de las flores, buscando a una, sólo a una.

Cuentan los viejos más viejos de la tribu, que todavía no la ha encontrado.

(Foto: Robert Woeger/ Unsplash).

A dos horas de Tokio, tenía que ser en Japón, en Chichibu, existe un museo llamado Chinsekikan, que significa salón de rocas curiosas. Allí se exhiben unas 1700 piedras de las cuales, 900 tienen la particularidad de parecerse a rostros humanos. Coleccionar estas rocas, erosionadas naturalmente, eran el hobby de Shozo Hayama, quien las recolectó hasta sus 90 años e inició el museo. Luego de fallecer en 2010, el pasatiempo y la galeria continua con su hija Yoshiko Hayama, quien también suma a la colección las piedras que encuentra en un río cercano y recibe, además, las que le envían personas de todo el mundo. Hoy, el curioso museo es visitado por una gran cantidad de visitantes internacionales.

Según Hayama, para que una roca se clasifique como “jinmenseki”, término nipón para referirse a la “roca con cara humana”, debe tener ojos y boca y, si también tiene una nariz, mucho mejor, claro está que otra condición es que no hayan sido alteradas artificialmente. Las piedras, por sus características faciales y un poco de imaginación, se parecen a celebridades, figuras religiosas o personajes de película.

Hay una explicación científica de por qué tenemos una tendencia a ver caras, animales o imágenes que nos resulten familiares en cosas que no lo son: se llama pareidolia. ¿Quién no vio en las nubes, en las piedras o en una mancha en la pared, un rostro humano? Se trata del esfuerzo del cerebro por clasificar la información que recibe a través de los sentidos y tiende a encontrar formas conocidas incluso donde no las hay. Hace miles de años, para nuestros ancestros, reconocer con rapidez el rostro de un animal salvaje podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso, basta con unos pocos datos, líneas, puntos, luces o sombras, incluso algún sonido, combinado de alguna manera, para que el cerebro lo traduzca como algo conocido. Para los especialistas se trata de un rasgo evolutivo.

Fotos: www.another-tokyo.com

Fuente: www.periodismo.com

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