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El Nishiyama Onsen Keiunkan es un hotel que abrió sus puertas en el año 705 ¿hiciste la cuenta? lleva nada menos que 1315 años funcionando. Ubicado en Japón, en la prefectura de Yamanashi, el longevo establecimiento está enclavado en las montañas en el pequeño pueblo de Hayakawa, de 1200 habitantes. En 2011, fue certificado en el Libro Guinness de los Récords como el hospedaje más antiguo que existe a nivel mundial.

Otra de las curiosidades que tiene el establecimiento, es que desde su apertura, siempre estuvo bajo la dirección de la misma familia durante 52 generaciones. Su primer propietario, Fujiwara Mahito, era nieto de un ayudante de campo del entonces emperador Tenji. Incluso dentro del personal de la posada hay familias que se han desempeñado en el mismo puesto durante varias generaciones.

El hotel lleva funcionando trece siglos bajo la dirección de la misma familia. (Foto: Nishiyama Onsen Keiunkan)

No hay acceso a Internet y los huéspedes reciben en el check in, ropas tradicionales para utilizar durante la estadía además de la obligación de no usar zapatos dentro del edificio.

La posada ofrece 37 habitaciones de alto nivel, y si bien todas fueron renovadas en 1997, conservan el estilo clásico japonés. La noche cuesta alrededor de 360 euros que incluye una cena de sofisticada gastronomía y un desayuno muy elaborado.

Ubicado en medio de una cordillera, el principal atractivo turístico del hotel es el balneario, con cuatro baños al aire libre y dos interiores, se alimenta de aguas ricas en minerales, procedentes de filtraciones naturales y que permiten disfrutar de baños termales a una temperatura de 52 grados.

El Monte Fuji, un símbolo de Japón, se encuentra a solo dos horas y media en auto desde el hotel. (Foto: Siraphol/ 123RF).

El Nishiyama Onsen Keiunkan se encuentra se encuentra a dos horas y media, en auto, del Monte Fuji, la montaña más alta y uno de los símbolos de Japón, y a casi cuatro horas del Parque de Monos de Jigokudani en donde ver a los famosos macacos dándose baños calientes en las termas naturales rodeados de nieve.

Un dato extra: el segundo hotel más antiguo del mundo, también está en Japón, se trata del Hoshi Ryokan, con apenas 1302 años de vida.

Uno de los mayores atractivos del hotel son los baños en sus aguas termales. (Foto: BlueOrange Studio/123RF).

A dos horas de Tokio, tenía que ser en Japón, en Chichibu, existe un museo llamado Chinsekikan, que significa salón de rocas curiosas. Allí se exhiben unas 1700 piedras de las cuales, 900 tienen la particularidad de parecerse a rostros humanos. Coleccionar estas rocas, erosionadas naturalmente, eran el hobby de Shozo Hayama, quien las recolectó hasta sus 90 años e inició el museo. Luego de fallecer en 2010, el pasatiempo y la galeria continua con su hija Yoshiko Hayama, quien también suma a la colección las piedras que encuentra en un río cercano y recibe, además, las que le envían personas de todo el mundo. Hoy, el curioso museo es visitado por una gran cantidad de visitantes internacionales.

Según Hayama, para que una roca se clasifique como “jinmenseki”, término nipón para referirse a la “roca con cara humana”, debe tener ojos y boca y, si también tiene una nariz, mucho mejor, claro está que otra condición es que no hayan sido alteradas artificialmente. Las piedras, por sus características faciales y un poco de imaginación, se parecen a celebridades, figuras religiosas o personajes de película.

Hay una explicación científica de por qué tenemos una tendencia a ver caras, animales o imágenes que nos resulten familiares en cosas que no lo son: se llama pareidolia. ¿Quién no vio en las nubes, en las piedras o en una mancha en la pared, un rostro humano? Se trata del esfuerzo del cerebro por clasificar la información que recibe a través de los sentidos y tiende a encontrar formas conocidas incluso donde no las hay. Hace miles de años, para nuestros ancestros, reconocer con rapidez el rostro de un animal salvaje podía ser la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso, basta con unos pocos datos, líneas, puntos, luces o sombras, incluso algún sonido, combinado de alguna manera, para que el cerebro lo traduzca como algo conocido. Para los especialistas se trata de un rasgo evolutivo.

Fotos: www.another-tokyo.com

Fuente: www.periodismo.com

Una de las maravillas del mundo moderno tiene un trasfondo bastante oscuro. Se dice que la Gran Muralla China, construida durante varias dinastías, es el cementerio más grande del que se tenga conocimiento.

Con más de 21 200 kilómetros de extensión, la construcción abarca desde Corea, a orillas del Río Yalu, hasta el desierto de Gobi en el sur de Mongolia. La muralla, con 6 y 7 metros de alto y entre 4 y 5 de ancho, tardó más de 2.000 años en ser construida y en su recorrido cruza 9 provincias y municipios chinos: Liaoning, Hebei, Tianjin, Beijing, Mongolia Interior, Shanxi, Shaanxi, Ningxia y Gansu. Actualmente solo el 30% del monumento se encuentra en buen estado.

¿Por qué se dice que es el mayor cementerio?

Durante su construcción, se dice que en la muralla trabajaron más de un millón de personas entre obreros, prisioneros, soldados y campesinos, muchos de ellos obligados a participar en una obra muy exigente y que afectaba la salud de los trabajadores, incluso llevándolos a la muerte; y por ser una gran edificación alejada, las personas fallecidas eran sepultadas en el lugar.

En torno a la Gran Muralla, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, existen muchas leyendas. La más popular cuenta que Meng Jiangnü, una mujer profundamente enamorada de su marido llamado Fan Xiliang, al ser este capturado y enviado a trabajar en la construcción de la maravilla, su esposa fue muy triste a buscarlo y al llegar le comunicaron que había fallecido. Al conocer la noticia, ella rompió en un llanto desconsolado que duró muchos días. La muralla, pareció apiadarse de la mujer y comenzó a derrumbarse en el sector en que se encontraba mostrando el cuerpo de su amado enterrado entre sus escombros.

La Puerta del Infierno como se conoce al Pozo de Darvaza, es un cráter artificial en medio del desierto de Karakum, en Turkmenistán, que lleva ardiendo de forma ininterrumpida desde hace casi 50 años. Pero el fuego no se produce por la actividad volcánica de la zona sino a causa de un accidente ocurrido en 1971.

Ese año, cuando Turkmenistán, situado en Asia Central en plena ruta de la seda, formaba parte de la desaparecida Unión Soviética se realizaron numerosas excavaciones en busca de yacimientos de petróleo. En la zona de la pequeña aldea de Darvasa, mientras los geólogos perforaban el terreno la superficie colapsó sobre una cueva subterránea llena de gas natural generando un cráter, de setenta metros de diámetro por veinte de profundidad, que despedía metano. Después del accidente, los ingenieros, temiendo que se produjera una fuga de gases tóxicos, decidieron prenderle fuego a las emanaciones calculando que unas semanas después, cuando el yacimiento hallado por error se consumiera, el fuego se extinguiría. Sin embargo, 49 años después, la cantidad de gas acumulado en el subsuelo es el combustible que sigue alimentando las llamas y mantiene al pozo ardiendo en medio del desierto.

El pozo ardiente de Darvasa, además de evitar una tremenda contaminación, ya que de apagarse el fuego, expulsaría a los habitantes a cientos de kilómetros a la redonda, es un atractivo turístico que atrae a viajeros de todo el mundo en busca de una experiencia fuera de lo común. Para ello, los visitantes se quedan a dormir en tiendas de campaña o en yurtas (cabañas utilizada por los nómadas de Asia Central) muy cerca del hoyo para observar de noche el resplandor de las llamas sobre el cielo estrellado.

Lonely Planet realizó su Best in Travel 2020, y en este ranking te contamos los cinco países elegidos para que conozcas este año.

Bután

El primer puesto del ranking se queda en un país del sur asiático. Según la revista, “muchos países se disputan el título de auténtico paraíso, pero Bután tiene más potencial que ninguno”.

Este pequeño paraíso debe sentirse orgulloso por todos los logros alcanzados, es hoy considerado el país más feliz del mundo, el único con huella de carbono negativa y sumado a esto, este año se convertirá en un territorio totalmente ecológico.

¿Pero, qué tiene Bután para ofrecer? El 70% de su superficie está cubierta por bosques y se ubica en el medio de la cordillera Himalaya. Presenta todo tipo de paisajes, desde montañas de gran altura hasta senderos que invitan a perderse en ellos durante horas. Para visitarlo, las mejores épocas son entre marzo y mayo, y entre septiembre y noviembre.

Bután es un país con muchas opciones para descubrir. (Foto: Mathias Rode/123RF).

Inglaterra

El segundo lugar es para el continente europeo. Con opciones para todos los viajeros, este destino es a nivel mundial muy popular. Costas rocosas, arquitectura, historia inglesa, castillos, museos, Los Beatlears y una buena taza de té son algunos de los clásicos que nadie quiere perderse.

Según Lonely Travel, “en 2020, disfrutar de estas y otras actividades será más fácil gracias a los nuevos tramos que se abren del England Coast Path. Cuando se completen sus casi más de 4800 km, se convertirá en la ruta continua de este tipo más larga del mundo, que ofrece acceso a toda la costa del país por primera vez”.

Se recomienda conocer Inglaterra durante los meses de junio y agosto, que es cuando las lluvias cesan un poco.

England Coast Path es la nueva joyita de Inglaterra. (Foto: ianwool/123RF).

Macedonia del Norte

El puesto número tres también se ubica en el continente europeo. Conocido por su cultura, paisajes y gastronomía, este destino está celebrando su cambio de nombre. Anteriormente conocida como “Macedonia” en 2018 se firmó el acuerdo luego que la haría conocida como es hoy.

Según Lonely Planet “en el 2020 los entusiastas de la cultura y la aventura tendrán nuevas excusas para visitarlo”, ¿Cuáles son estas? La primera, es la creación de nuevas rutas aéreas hasta el Lago Ohrid, uno de los más profundos de la Península balcánica y que desde 1979 es considerado Patrimonio de la Humanidad. La segunda, la ruta High Scardus Trailque tiene un total de 495 kilómetros, todos entre los picos más espectaculares de la región.

Lago Ohrid en Macedonia del Norte. (Foto: Engin Korkmaz/123RF).

Aruba

En el cuarto lugar de este ranking se encuentra el único país del continente americano, Aruba. Playas paradisíacas, clima ideal, grandes atardeceres, y mucho color son algunas de las características que llevan a este destino a ocupar el puesto.

“Conocido como Sunrise City, vive un renacer creativo y colorido con artistas locales e internacionales que pintan las paredes de las calles y carnavales improvisados que expanden las buenas vibraciones más allá de la fiesta anual”. Lonely Planet se inclina por el sur de la isla, San Nicolas, la segunda ciudad más grande de Aruba.

Además, se le suma su idea de convertirse en un país sostenible, ¿Qué incluye? Este año su meta es ofrecerse como campo de experimentación de soluciones de energía renovable y busca conseguir la prohibición absoluta de todo el plástico de un solo uso y de los protectores solares.

Se recomienda visitar la isla entre diciembre y abril.

Las playas de Aruba son únicas. (Foto: Anastasia Ryapolova/123RF).

Esuatini

Por último, el quinto puesto es para el anteriormente conocido como Suazilandia, en el continente africano. Con muchas nuevas propuestas para los visitantes, este pequeño destino espera poder conseguir más visitas y así aumentar su popularidad.

Con un nuevo aeropuerto, la mejora de sus carreteras y zonas de conservación, Lonely Planet lo ha catalogado como una joyita por descubrir. “La diversidad paisajística de parques y reservas regala un descubrimiento fascinante tras otro, ya sea en forma de tirolinas, senderismo, rafting de aguas bravas o espectaculares encuentros con rinocerontes”.

Un país poco conocido que espera mejorar en el 2020. (Foto: Lucas Mason/123RF).

La capital japonesa es una de las ciudades más grandes del mundo. Vértigo y filosofía zen conviven en un mundo donde rigen otros códigos y otras tradiciones: por dónde empezar para no perderse y disfrutar de esta maravilla urbana.

Por Graciela Cutuli

¿Cómo se hace para desembarcar en una ciudad que supera los nueve millones de habitantes, tiene una de las redes de subte más intrincadas del mundo y donde nadie habla inglés, sin morir en el intento? Simplemente hay que elegir Tokio. A la hora de programar un viaje hay que saber que lo mejor es elegir un alojamiento cercano a cualquiera de las estaciones de la línea Yamanote: este tren urbano tiene un recorrido circular y hace imposible perderse. Además, si se planea seguir viaje por Japón y se ha comprado un pase de tren (la mejor opción), la Yamanote está incluida.

Guiándose por sus estaciones se puede fácilmente llegar a los principales puntos de la ciudad. Y aunque es cierto que rara vez uno se topa con gente que hable inglés fluidamente, en los lugares clave (aeropuertos, grandes estaciones de tren) siempre hay alguien que puede entenderse con los extranjeros. Si no lo hay, la gentileza japonesa suplirá cualquier inconveniente (eso sí, como está mal visto decir que no en forma directa, si no saben la respuesta de algo tal vez no lo digan y salgan del paso afirmando por ejemplo que “van a pensarlo”… sin llegar nunca a una conclusión).

Desde las estaciones de la línea Yamanote se accede fácilmente a los principales puntos de la ciudad. (Foto: Witaya Ratanasirikulchai / 123RF).

El cruce mundial

Tokio no tiene un centro, un “Times Square” a la neoyorquina, sino por lo menos veinte. Pero de todos ellos el más famoso es Shibuya, donde se dice que está el cruce de calles más transitado del mundo. Hay que subir -como hacen todos los turistas- al primer piso del Starbucks que está justo enfrente y apreciar la marea humana que, en perfecto orden, cruza en todas direcciones los varios pasos de cebra. A 50 metros se encuentra la salida de la estación Shibuya y la estatua del famosísimo perro Hachiko, que se convirtió en símbolo de la fidelidad -siempre esperaba aquí a su dueño- y hasta inspiró películas. Después se puede ir de paseo por los karaokes, los restaurantes de todo tipo, el Uniqlo de varios pisos y los rascacielos como el famoso Shibuya 109, un gran centro comercial.

Shibuya, el cruce de calles más transitado del mundo, visto desde el primer piso del Starbucks cercano. (Foto: Sean Pavone / 123RF).

Siempre en la Yamanote, la siguiente estación es Harajuku, que desemboca en la célebre Takeshita Street, un pasaje de varias cuadras repleto de tiendas donde asoman todos los iconos del animé. No muy lejos, los domingos al mediodía los adolescentes se juntan con sus trajes de cosplay y contrastan con la elegancia de la avenida Omotesando, que nace aquí y se considera una suerte de “Champs-Elysées” a la japonesa. Y hablando de lujos, en el paseo por la ciudad no hay que olvidar a Ginza, el barrio más exclusivo, donde están las tiendas insignia de las grandes marcas mundiales y las sedes de gigantes japoneses como Sony. En un par de estaciones más se habrá llegado a Shinjuku, por donde pasan todos los días unos tres millones de personas. Aquí se levanta el edificio del municipio de Tokio (se puede subir al mirador para apreciar la ciudad, y lo mismo se puede hacer en otros lugares, especialmente la Tokyo Tower en Roppongi y la Tokyo Skytree, que con 634 metros es la estructura artificial más alta de Japón).

Shibuya, famoso por su cruce peatonal. (Foto: Tktktk/ 123RF).

Animé y templos

Muchos tienen, como imagen de Tokio, la del barrio de Akihabara, el antiguo “distrito eléctrico” de la ciudad que pasó sin transición a ser la meca de la tecnología, el manga y el animé. Aquí se pueden encontrar los famosos maid-café atendidos por jovencitas vestidas como estudiantes y muchas otras rarezas de esas que solo se consiguen en Japón y despiertan la curiosidad occidental. Desde aquí no se estará lejos (aunque dadas las dimensiones de la ciudad la “cercanía” siempre debe ser relativizada y se refiere sobre todo a la proximidad en estaciones de metro o tren) de la estación de Tokio: de aquí parten los shinkansen o trenes bala a otros puntos de Japón, pero el edificio merece una visita en sí mismo, porque es casi una ciudad en miniatura. A pie desde la estación de Tokio se alcanza el Palacio Imperial y sus hermosos parques, para practicar hanami (ver las flores de cerezo) en primavera o disfrutar el colorido otoñal.

Barrio de Akihabara, la meca de la tecnología, el manga y el animé. (Foto: Oleandra / 123RF).

Finalmente, otra de las grandes estaciones de la Yamanote es Ueno, desde donde se puede recorrer el tradicional barrio de Asakusa, con su famoso templo Senso-ji, el epicentro del Japón tradicional, donde las mujeres se pasean en kimono, se pueden probar las comidas tradicionales y descubrir las costumbres budistas que aún imperan en los códigos de la sociedad japonesa. Una joya oriental.

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