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Playas

La isla Palawan, en Filipinas, fue elegida en marzo, días antes de que se declararan las medidas de confinamiento en la mayor parte del mundo, como la mejor isla del mundo en los premios 2020 de Travel + Leisure’s World’s.

Filipinas es un país compuesto por islas y Palawan es la más grande de la provincia homónima y la quinta en tamaño del archipiélago. Este remoto lugar, de increíbles paisajes y exuberante vegetación, ocupa unos 430 kilómetros de largo y 40 kilómetros de ancho y está rodeada por el mar del Sur de China y el Mar Sulu.

Sus playas de arena clara, sus aguas limpias y mucha vida marina, las montañas tapizadas de vegetación que nacen abruptamente en la orilla del mar y los lugares de famosos naufragios, constituyen sus paisajes más buscados.

Palawan es un archipiélago de más de 1700 islas e islotes y ofrece cuatro destinos principales: Puerto Princesa, El Nido, Corón y San Vicente.

En Puerto Princesa, la ciudad más importante de Palawan, se encuentra una de las 7 maravillas naturales del mundo: el Parque Nacional del Río Subterráneo que además, es Patrimonio de la Humanidad desde 1999. El lugar se compone de paisajes de piedra caliza cárstica, el famoso río subterráneo de más de ocho kilómetros que desemboca directamente en el mar y algunas de las selvas más importantes de Asia.

El Nido, en el noreste de la isla, es un pueblito sin demasiado atractivo, pero desde allí se puede conocer, en barco o en kayak, el archipiélago de Bacuit. Un paraíso escondido con lagunas, playas de arena blanca y aguas turquesas y coloridos arrecifes.

En Corón, además de sus aguas termales, lagunas e islotes, se puede bucear entre alguno de los doce barcos japoneses hundidos durante la Segunda Guerra Mundial.

San Vicente, con un importante crecimiento turístico, cuenta entre sus atractivos a Long Beach, la playa más larga de Filipinas.

En los tiempos por venir, el distanciamiento social será una regla así que, te mostramos algunas de las playas del mundo que se llenan tanto de gente que es difícil encontrar un pedacito de arena libre en donde clavar la sombrilla y, la opción cercana y despejada de cada una de ellas.

RÍO DE JANEIRO

La playa de Ipanema en Río de Janeiro, Brasil, durante la temporada alta puede estar increíblemente llena de gente. Para un día de playa relajado, se puede optar por otras playas locales como Grumari o Prainha.

SYDNEY

La famosa playa Bondi en Sidney, Australia, puede llegar a albergar a más de 40.000 personas. Esta ciudad ofrece muchas opciones cercanas y más tranquilas como Jibbon Beach y Shelly Beach, entre muchas otras.

MIAMI

Miami atrae a grandes multitudes durante la mayor parte del año, especialmente South Beach. Para estar cerca del ruido, pero no tanto, North Beach, a pocos minutos en auto, es la opción a elegir.

NUEVA YORK

La playa neoyorquina en Coney Island, junto al paseo marítimo y el parque de atracciones, recibe a miles de visitantes. Si estás más interesados ​​en la privacidad, buscá playas como Jacob Riis en Queens o Orchard Beach en el Bronx.

INGLATERRA

Brighton Beach, con sus frías aguas y su gran muelle lleno de atracciones congrega a la multitud londinense. Una playa cercana, mucho menos concurrida es Rottingdean.

Fuente: www.oyster.com

Una bahía es un accidente geográfico que se forma con una entrada de agua de mar u océano, rodeada por tierra excepto por una apertura. Tiene la forma de una concavidad sobre la línea costera, que se crea a partir del movimiento del mar.

Tienen una gran importancia económica y social ya que, debido a sus características naturales, suelen permitir la construcción de puertos o generan espacios naturales de gran diversidad. Más allá de su función, lo cierto es que las bahías conforman paisajes realmente hermosos. Te mostramos algunas de ellas.

Un lugar que enamora a todos los turistas que lo visitan.

Al enterarme de mi próximo viaje me puse a averiguar un poco. Turcks and Caicos, no la tenía muy en la mente. Bueno, debe ser una isla más pensé. Error. Si se busca la palabra paraíso en el diccionario, definitivamente debería haber una foto de este destino.

Este pequeño archipiélago, ubicado al sureste de Miami y al norte de República Dominicana, ha logrado conquistar el corazón de algunas de las celebridades. Messi, Icardi, Rihanna, Justin Bieber son algunos de los nombres más populares que han pisado este lugar.

Desde el primer momento

En el avión que me lleva a mi destino, me siento al lado de una familia estadounidense. La madre, muy simpática, intenta mantener una charla en su español de secundaria, mientras yo trato de contestarle en mi inglés de secundaria. En una de sus interminables frases, su hijo empieza a gritar señalando la ventanilla. Al mirar lo que al niño tenía tan fascinado, lo único que pasó por mi cabeza fue “WOW”.

Desde la ventanilla, el mar era de un turquesa profundo. Si mi nueva amiga me dejaba acercar a la ventanilla, se podía distinguir la división de la barrera de corales y el cambio a un color azul más oscuro. Por momentos podíamos visualizar pequeñas porciones de arena blanca.

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When are you coming back? 💙

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En el avión lo único que se escuchaba eran suspiros, exclamaciones, y algunos niños gritando. Casi pude leer el pensamiento de todos los pasajeros, si este es el comienzo, que será lo que nos espera.

“Welcome to paradise”

El aeropuerto de Providenciales es pequeño y el ambiente muy caluroso. Subimos a la trafic, ¡Atención! No asustarse, ellos manejan por la izquierda. Debo admitir que se sufren un poco las rotondas.

Llegamos a Club Med, un hotel solo para adultos. La piscina infinita es lo primero que llama mi atención. De fondo el enorme letrero de “Turkoise” se encarga de esconder el verdadero paraíso. Las palmeras, altas e imponentes, contrastan con el cielo celeste y nubes muy muy blancas, el turquesa vuelve a presentarse.

Un poco más y corro al mar, tranquila, pienso, debo parecer profesional, así que con un buen paso enfilo hacia el sonido de las olas. Al tocar la arena, me doy cuenta que es tan fina como la harina me doy.

Todo el tiempo estuve equivocada, el agua no es turquesa, es una mezcla de colores. Cada ola parece traer uno nuevo, ya vi el azul, verde, celeste, y puedo seguir contando. Juro no exagerar al decir que uno queda hipnotizado. No sé cuánto tiempo estuve allí.

¿Cuál elegís? (Foto: Club Med).

El día comienza con un buen desayuno. ¡Buena suerte! tenemos un lugar en la terraza junto a la piscina, que afortunados. Los platos van y vienen, algunos optan por frutas, jugos y café, mientras que otros vamos por huevos, omelet y hasta salchichas.

Llegó el momento del agua. Algunos extranjeros eligen la pileta, mi grupo, el argentino, va derecho al mar. Pensamos en hacernos los “cool”, pedimos un kayak y partimos.

No es tan fácil como parece, mucho más si tu compañero se empeña en moverlo para cualquier costado. Lejos quedaron las indicaciones del chico en la playa que nos dijo “You have until 5 pm because we close (at that time)”, cuando nos dimos cuenta el silbato sonaba y sonaba intentando que volviéramos.

Almorzamos en Sharkie´s, un restaurante en la playa que está abierto a todas horas. Las opciones son variadas: pescados para algunos, verduras para otros y hamburguesa para quien les habla. Si empezamos a hablar de bebidas, ya ni recuerdo los nombres, pero sé que había de todos los colores y sabores.

A la tarde seguimos con espíritu aventurero, es momento de probar el “stand up paddle”. Mientras intento mantener el equilibrio en la tabla recuerdo las indicaciones del profesor: “el remo para un lado, el remo para otro, siempre cambiando las manos”. Logro pararme tres veces, un golazo. Lamentablemente algunos no tuvieron tanta suerte y debieron volver nadando con la tabla en la mano.

Por la noche nos vestimos con el “dresscode” indicado y disfrutamos de un espectáculo en el teatro, cada día es uno distinto. Mi preferido, el de canciones de distintas épocas, muchos regresaron a las habitaciones sin voz. Después se sigue la fiesta al lado de la piscina. ¡Importante! Hasta los pataduras deberán aprender el baile del resort.

A la mañana es el momento del buceo. Paco se presenta como el instructor español y nos da todo el equipo necesario. El viaje en el pequeño barco es impresionante, cada vez el agua me parece más y más rara, no miento que uno descubre colores nuevos. De fondo se pueden observar la variedad de hoteles, y si achino un poco los ojos logro ver todavía algunas parejas caminando por la playa. Dichosos.

Después de una interminable sesión de selfies, y configurar la Gopro, Paco habla a la tripulación, es el momento de ajustar sus antiparras y ponerse las patas de ranas. Primero unas indicaciones, no debemos acercarnos mucho a los corales, mantenernos siempre por delante del barco, ir en parejas y principalmente estar atentos.

Se escuchan los chapuzones. El coraje que venía juntando se esfuma. Prefiero observar la excursión desde el barco. Luego de una serie de amenazas por partes de mis compañeros, (recuerdo muy bien sus empujones), estoy en el agua.

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Sunday is much more fun in the sea ⛵️

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Si el mar es bello por fuera, por dentro es mejor. Corales, peces, algunos tiburones (inofensivos obvio) fueron los protagonistas de la excursión. La transparencia y calma del agua nos permite nadar bastante. Los animalitos nos rodean y parecen no tener miedo de nuestra presencia. Logramos grandes videos y fotos además de un gran cansancio de piernas.

Estoy muy segura que de todos los viajes quedan grabados en nuestra mente hasta el final de los días, pero estoy aún más confiada que existen pocos destinos que logran crear en sus visitantes las sensaciones que Turks and Caicos me hicieron sentir.

Harbour Island, es una pequeña isla del archipiélago de las Bahamas en donde se encuentran las famosas playas de arena rosa, pero, no son el único motivo para visitarla.

Dos horas y media de navegación lleva cubrir la distancia entre el puerto de Nassau y Harbour Island, casi un desprendimiento al noreste de la isla Eleuthera. El trayecto, ofrece el poder hipnótico del indescifrable color del agua. A los azules y turquesas hay que sumarle las estelas de espuma blanca que dejan las distintas embarcaciones, desde botes pesqueros hasta impactantes yates, dignos de un video de reggaetón

La pequeña isla Briland, como llaman sus habitantes a Harbour, tiene un poco más de cinco kilómetros de largo por dos y pico de ancho y los recorremos a bordo de carritos de golf. Con 2000 habitantes, Dunmore Town -única población-, es un pintoresco pueblo con arquitectura estilo inglés, de casas bajas con paredes de colores pasteles y cercas de madera blancas, los colores vivos, los aportan las flores que adornan todos sus jardines.

Los colores enamoran a los turistas. (Foto: Mario Rodriguez).

Hacia el sur de la isla llegamos a la “mansión embrujada”, entre las muchas historias que relatan y “reversionan” los lugareños, en general coinciden en que se trató de una pareja muy adinerada la que construyó la casa en los años ´40. Pero, apenas casados y mudados al lugar, desaparecieron –por causas desconocidas, claro- dejando la mesa puesta para la cena, la comida en la cocina y toda la ropa y regalos de su boda. Con los años, dicen que mientras los niños que jugaban en los jardines abandonados, vieron a dos figuras con ropas blancas flotar sobre la casa. Lo cierto es que hoy, embrujada o no, saqueada e incendiada, y con algún huracán encima, es un intrigante lugar para visitar.

El recorrido continúa por la isla en busca de The Lone Tree -Árbol Solitario-, supuestamente arrastrado durante el huracán Andrew en 1992, hoy está encallado, curiosamente en posición vertical, en una interminable playa de aguas bajas. Cómo llegó a su ubicación actual también es una incógnita. Algunos dicen que fue arrastrado desde otra isla y otros opinan que se deslizó desde una colina cercana. Como sea, esta escultura natural, se ha convertido en uno de los hitos más emblemáticos de la isla. El árbol es utilizado de fondo para sesiones de fotos y cosecha “likes” en las redes sociales de personas de todo el mundo.

Lo que hace que la arena sea rosa

Después del almuerzo, en base al ingrediente típico de la zona, el queen conch -caracol de Bahamas- en sus múltiples preparaciones, ensaladas, sopas y albóndigas, vamos en busca de las famosas Pink Sands Beach.

Dejamos los carros de golf y caminamos por senderos de arena/harina rodeados de abundante vegetación baja y palmeras, lo que nos hizo ir descubriendo la playa de a poco. Con casi cinco kilómetros de arena rosa pálido -amigos retocadores de fotos, no hace falta abusar del photoshop– y bellísimas “sin maquillaje”, las aguas turquesas y la espuma, aportan lo suyo.

¿Por qué rosa? Una de las razones científicas explica que se debe a la presencia de foraminifera, un organismo microscópico con cáscara rosada o roja que, mezclados con los restos de corales y otros elementos, tiñen de ese color las playas.

Clasificada como la número uno en la lista “The Telegraph” de “Las diez mejores playas del mundo para viajes de lujo”, y nombrada entre las “Mejores Playas del Mundo” por Travel + Leisure. Esta mimada por los rankings, merece la visita.

El litoral chileno, bañado por océano Pacífico, ofrece playas espectaculares de norte a sur. Te mostramos algunas.

Playa Anakena

Anakena es la principal playa de la Isla de Pascua, ubicada a 18 kilómetros de Hanga Roa, capital y único centro urbano de la isla. Tiene todo lo que tiene que tener una playa paradisíaca, arena blanca y fina, aguas tranquilas color turquesa y, por supuesto palmeras cocoteras (traidas de Tahití para más datos).

Cuna de la historia y la cultura de Rapa Nui –nombre nativo de la Isla. A unos 150 metros hacia el interior se encuentra el Ahu Nau Nau, la plataforma ceremonial con una serie de siete moáis, uno de los conjuntos mejor conservados de la isla.

Eclipsado por el Nau Nau, muy cerca se encuentra el Ahu Ature Huki compuesto por un moai que tiene la particularidad de ser la primera estatua restaurada y puesta en pie en 1955.

Anakena en la Isla de Pascuas. (Foto: Alberto Loyo/123RF).

Reñaca

Ubicada al norte de Viña del Mar, la playa de Reñaca es una de las más concurridas del litoral chileno. Además de la amplitud del balneario y la posibilidad de practicar deportes acuáticos como surf y el bodyboard, el barrio que rodea la playa con sus edificios escalonados en las laderas de los cerros, es uno de los más exclusivos dentro del Área Metropolitana de Valparaíso, con gran cantidad de pubs, restaurantes y noches agitadas.

Cavancha

Playa Cavancha se encuentra en pleno centro de Iquique, en la Región de Tarapacá, al norte del país. Al estar protegida del viento, ofrece unas aguas tranquilas ideales para bañarse durante todo el año. En el extremo norte las olas son más grandes lo que permite la práctica de deportes náuticos como el surf, windsurfbodyboard y esquí acuático, entre otros.

Fuera del agua, en medio de una moderna arquitectura residencial, la avenida que recorre la costa está repleta de locales comerciales, bares, restaurantes y alojamiento para todos los gustos y bolsillos. Además, por ser zona franca, es un lugar ideal para hacer compras. 

Cavancha, una de las populares del norte. (Foto: Alberto Loyo/123RF).

Isla Damas

Con una superficie de solo 60 hectáreas, Isla Damas es una de las tres islas que forman parte de la reserva nacional Pingüino de Humboldt en la región de Coquimbo. Debe su nombre a una curiosa formación rocosa que se asemeja al perfil de una mujer, visible desde el muelle de Punta de Choros.

Por estar regulado por la CONAF (Corporación Nacional Forestal) está prohibido bañarse -pero sí, mojarse los pies- y acampar en la isla con el fin de preservar su fauna y flora.

Existen un camino que rodea la isla y otro camino más corto que lleva a un mirador, de unos 1800 metros dividido en estaciones con información sobre la flora y fauna en español y en inglés.

Su nombre se debe a una curiosa formación rocosa que se asemeja al perfil de una mujer . (Foto: Jesse Kraft/123RF).

Bahía Inglesa

Ubicada en la costa del Desierto de Atacama, Bahía Inglesa, con sus arenas blancas, sus aguas turquesas y la infraestructura necesaria, es uno de los balnearios más concurridos en el norte de Chile. La playa La Piscina, una de las más elegidas, es una caleta protegida por formaciones rocosas que encierran aguas transparentes y calmas. Del lado sur, la costa es más ventosa por lo que sus playas, Las Machas y Bahía Cisne, son muy populares entre los amantes de los deportes acuáticos.

En la costa del Desierto de Atacama se encuentra esta bella playa. (Foto: Erlantz Perez Rodriguez/123RF).

Estos lugares en el país vecino, cercanos al aeropuerto de Florianópolis, están entre los preferidos por los argentinos durante las vacaciones de verano.

Camboriú

A unos 87 kilómetros de Florianópolis se encuentra una de las playas más populares del sur, Camboriú. Con todo tipo de actividades para realizar tanto de día como en la noche, este destino es visitado por muchos turistas.

Su playa central tiene una gran extensión y se encuentra rodeada de grandes edificios. Allí los turistas pasan el tiempo entre el agua, el sol, la música y delicias tales como churros, queijo quente, milho y crepes.

Camboriú es un destino para cualquier edad. (Foto: Diego Grandi/123RF).

Su centro está poblado por shoppings, locales comerciales y de comidas y muchas opciones para gastar algunos reales. Por la noche se recomienda una caminata por la Avenida Atlántica, al ser esta la costanera de camboriú, de un lado se podrá gozar del aire del mar y del otro, el olorcito a los distintos platos de los muchos restaurantes que allí se encuentran.

Muy cerca se pueden visitar otras playas como Laranjeira, ubicada a pocos kilómetros del centro de Camboriú, sin edificios alrededor, pero muy frecuentada, es una pequeña playa con aguas claras y tranquilas, con bares y restaurantes en su costa. Se puede llegar, además de la vía terrestre, a través de un teleférico que ofrece una gran panorámica. Otras opciones menos concurridas, Estaleiro y Estaleirinho, ambas también muy cerca de la gran ciudad.

Itapema

Itapema está ubicado a unos 70 kilómetros de Florianópolis, este municipio con el tiempo ha comenzado a ganar popularidad. Es un destino recomendado para familias. Su playa central, con un mar de poca profundidad invita a practicar diferentes deportes acuáticos, además de divertirse con la famosa “banana” o el “gomón” o, disfrutar en la arena, de una cerveza helada o una caipirinha.

Meia Praia, una el barrio y la playa más importantes de Itapema. Su centro concentra shoppings, locales comerciales, bares, restaurantes y parque infantil entre otras atracciones que los turistas disfrutan hasta altas horas de la noche. Otro imperdible de este destino es el paseo nocturno por la peatonal que costea la playa, allí se encuentran muchos bares para disfrutar del sonido de la clásica música en vivo y el sonido del mar.

Bombas y Bombinhas

Dos de las playas más populares entre los argentinos son Bombas y Bombinhas y se ubican a unos 55 kilómetros de Florianópolis.

Bombas es la primera que recibe a los turistas, tiene un mar agitado -no mucho- y es más extensa que su “compañera” de aguas más “tranquis”. Además, su infraestructura es mayor también. Todas las noches los visitantes se concentran en su avenida principal, paralela a la playa.

Bombinhas es la siguiente en la ruta, con un mar azul y un centro muy pintoresco. Su playa, de aguas muy tranquilas y de un color impresionante, es perfecta para las familias y para realizar buceo. En la zona céntrica, concentrada en la avenida principal, hay muchos bares, restaurantes, locales comerciales, además de un paseo de artesanos.

Muy cerca, la Playa de Sepultura, un pequeño paraíso que enamora a los turistas que lo visitan. Es muy tranquila y su mar, totalmente cristalino y muy calmo, es ideal para quienes practican snorkel. En el verano se recomienda llegar temprano ya que ha ganado mucha popularidad y el espacio entre sombrilla y sombrilla, es escaso.

Tripadvisor realizó su famoso “Travellers’ Choice” y estas fueron los mejores destinos elegidos por sus usuarios.

El agua no será cálida y la distancia desde las principales ciudades argentinas tampoco es corta: sin embargo, las playas de la Costa Atlántica bonaerense son un clásico imbatible, que combinan recuerdos de infancia con anchas franjas de arena y el placer irrenunciable a jugar entre las olas.

Por Graciela Cutuli

¿Qué tendrán las costas bonaerenses que pasan las temporadas y ellas siempre vuelven? En el Partido de la Costa, en Pinamar y en Mar del Plata no encontramos ni la calidez de las aguas del Caribe ni el encanto agreste de las brasileñas. Y el vientito (¡o vendaval!), todos los conocemos… sin embargo, no hay con qué darles: pasó diciembre, llega enero, siguen febrero y marzo… y no hay veraneante argentino que no sueñe aunque sea un ratito con todo lo que sí tienen estas playas: arenas finas y extensas para caminar hasta cansarse pisando la orilla de las olas de un balneario a otro; atardeceres magníficos y frescos para reponerse de los días al sol y dormir mejor que nunca; el eco de los vendedores de helados, choclos y churros que conforman el ABC de las vacaciones playeras; las noches de asado con amigos hasta que se arme la movida para ir a ver la salida del sol… Por eso, aquí una guía con playas bonaerenses para todos los gustos. El que busca, encuentra la suya.

Costa del Este, la playa del millón de pinos. (Foto: Diego Gorzalczany/123RF).

Mar del Plata (para citadinos a ultranza)

Si no se puede prescindir de la vida urbana, Mar del Plata tiene de todo para tentar. Empecemos por las playas: desde las del norte (las de Camet), entre acantilados que protegen del viento, están entre las favoritas de los pescadores. Más al centro aparecen las más concurridas y tradicionales: La Perla, Popular, Bristol -frente a la rambla y el Casino- y Varese, en la zona del Torreón: todas son de fácil acceso e ideales para sociables que pegan sus sombrillas unos con otros. A continuación Playa Chica -con sus protectoras rocas- y Playa Grande, naturalmente más cool porque está cerca de los Troncos y el Golf. Pasando el puerto -un clásico para ir comer pescado y mariscos- viene la línea de balnearios de Punta Mogotes, a lo largo de tres kilómetros. Tienen todos los servicios y un acceso fácil en auto (eso sí, a la hora de la vuelta hay que armarse de paciencia). Y finalmente, las playas más top de Mar del Plata están al sur del faro, entre zonas boscosas, barrancas y acantilados. Están los jóvenes y el epicentro de la movida marplatense.

La playa más visitada de Argentina. (Foto: Pablo Borca/123RF).

¿Y si llueve? Mar del Plata no tiene rival. Se puede visitar el Museo de Arte MAR, el Museo de Victoria Ocampo, la Casa del Puente, el Museo Castagnino y la casa de té del Bosque Peralta Ramos.

El Partido de la Costa

Bien puesto tiene el nombre esta porción de la provincia de Buenos Aires que reúne balnearios muy cercanos -tanto que por la playa varios se pueden conectar caminando- pero todos diferentes. En el extremo norte está San Clemente del Tuyú, con la reserva de Punta Rasa, donde se practica kitesurf, el oceanario Mundo Marino y el parque acuático Termas Marinas, que tiene aguas termales pero también juegos para los chicos. Luego vienen Las Toninas, Santa Teresita y la idílica Costa del Este, “la playa del millón de pinos”, cuyas casas de madera y piedra brotan en medio del bosque. A continuación Aguas Verdes, la Lucila, Costa Azul, San Bernardo y Mar de Ajó: las dos últimas son los principales centros de servicios de esta porción de la costa y San Bernardo en particular una de las favoritas de los adolescentes. Finalmente, la zona de médanos de Costa Esmeralda -un gran country marítimo- linda con una de las estrellas de las playas bonaerenses: Pinamar, un capítulo aparte.

Mar de Ajó, una de las más populares. (Foto: Luis Csar Tejo/123RF).

Pinamar y Cariló

El nombre lo dice: un mar junto a la línea de playa, pero también una ciudad cada vez más constituida como destino VIP de la costa argentina. Pinamar tiene desde grandes casonas para las familias que lo eligen todos los años hasta apart-hoteles y departamentos para los grupos de amigos que se inician en sus vacaciones independientes: ellos le ponen movimiento a la playa y, sobre todo, a las salidas nocturnas. Un clásico son las salidas a caballo, al atardecer, por las playas menos concurridas; la versión motorizada también existe y consiste en salir a explorar los médanos en vehículos todo terreno, diseñados para este tipo de paseos y capaces de ingresar en lugares que de otro modo serían inaccesibles. Pinamar se destaca también por la calidad de su propuesta gastronómica y forma casi un solo conjunto con Ostende -el balneario donde pasó Saint-Exupéry- y Valeria del Mar, con sus barrios tranquilos de casas junto al mar. Un paso más allá está el balneario VIP del partido de Pinamar: Cariló, construido en el corazón de un añoso bosque. Aunque creció imparable en los últimos años, no solo con casas sino con numerosos complejos de cabañas y apart-hoteles, conserva su encanto agreste y es ideal no solo para alojarse sino para visitarlo por el día, pasear por el bosque y hacer compras en su centro comercial, cuyo núcleo más antiguo fue levantado en madera.

Pinamar, un clásico de los veranos. (Foto: Horacio Causarano/123RF).

Villa Gesell

Fue el destino hippie por excelencia, pero ahora concentra no solo a jóvenes sino a numerosas familias atraídas por la renovación de su frente costero con una gran pasarela de madera, sus extensas playas y la animación del centro comercial organizado en torno a una gran avenida peatonal. Además del día de playa que siempre se elige cuando hay buen tiempo, en Villa Gesell se pueden tomar excursiones de aventura para salir a conocer los médanos vivos que llevan hasta el faro Querandí: solo se puede hacer en vehículos 4×4 y es una excelente opción para descubrir el lado B del balneario. También se puede conocer la casa del fundador, Carlos Gesell, y animarse hasta la cercana Mar Azul para practicar algo de sandboard en los médanos. Además está muy cerca de Mar de las Pampas, otro balneario en medio del bosque que creció hasta convertirse en el más top de la región en las últimas décadas.

Una playa con muchas opciones. (Foto: Jens Ickler/123RF).

Dicen que las playas de Las Grutas son las mejores de Argentina, en sus alrededores, hay varias más por descubrir.

El cambiante entorno costero de la región sigue el comportamiento del mar. Las mareas diferencian los paisajes como si se tratase de dos lugares distintos. Incluso tienen influencia directa con uno de los atractivos de la zona: la temperatura del agua. Durante la bajamar, el sol calienta el lecho marino, el calor acumulado se transfiere a la masa de agua que ingresa durante las horas de pleamar, provocando que sean más cálidas que en otras playas de la costa argentina.

Las Grutas

Para acceder a las playas de esta ciudad hay que bajar escaleras o rampas denominadas bajadas numeradas del cero al siete. Las famosas grutas, que le dan nombre al lugar, están en la bajada uno, la más céntrica y concurrida. Incluye música constante y por la tarde, multitudinarias clases de zumba. De la bajada tres parten las excursiones en gomones y las clásicas bananas. La cuatro y cinco son ocupadas por los más jóvenes. La seis y siete para los que buscan alejarse del bullicio y sentarse en la arena con los codos en las rodillas a mirar el atardecer.

La bajada uno, en Las Grutas, para los que no quieren desconectarse del ritmo de ciudad. (Foto: Mario Rodriguez).

Piedras Coloradas

Para alejarse de la congestión de sombrillas pero, con paradores y servicios, a poco más de cuatro kilómetros hacia el sur de la ciudad, se encuentra Piedras Coloradas. Este balneario tranquilo y con amplias playas, debe su nombre a las formaciones rocosas de color rojizo que crean un ambiente casi lunar. En la zona también hay médanos en donde es posible practicar sandboard. Se puede llegar a pie por la costa, durante la marea baja, o en auto por un camino en buen estado.

Muy cerca de Las Grutas, Piedras Coloradas, ofrece paradores y servicios lejos del bullicio. (Foto: Mario Rodriguez).

El Buque

Para una desconexión total, la playa El Buque, a ocho kilómetros al sur de Las Grutas, tiene inmensas superficies de arena y muy poca gente para compartirlas. Su nombre se debe a una formación rocosa que queda expuesta durante la bajamar y se asemeja a un buque. Siempre queda agua atrapada entre las rocas, ideal que los más chiquitos chapoteen. Para disfrutar un día al aire libre pero, como no existen paradores ni kioscos en la zona, hay que llevar todo lo necesario.

Sin paradores ni kioscos, El Buque, es lo más parecido a una playa virgen en la zona. (Foto: Mario Rodriguez).

Las Conchillas

A 60 kilómetros de Las Grutas, antes de ingresar a San Antonio Este, la franja costera se tapiza de millones de conchas marinas que generan una interminable playa blanca. Son kilómetros y kilómetros de un paisaje blanco que resalta el turquesa de las aguas del mar. En el lugar se estacionan suntuosos motorhomes y casillas rodantes. Carpas, toldos, sombrillas y todo lo necesario para cubrirse del sol son imprescindibles, la sombra es prácticamente inexistente. Hay paradores con buena gastronomía.

Millones de fragmentos de conchas marinas hacen de la Las Conchillas una playa muy particular. (Foto: Mario Rodriguez).

Punta Perdices

En Punta Perdices el mar ingresa tierra adentro cientos de metros y genera una pequeña bahía –abrigada del viento- de aguas cristalinas y calmas sobre el inmenso colchón de conchillas. Para acceder a “Caleta Falsa”, como también se la conoce, se ingresa por el Puerto San Antonio Este –a 60 kilómetros de Las Grutas- y se avanza por la costa unos dos kilómetros.

Temporadas atrás, este paraíso escondido era visitado solo por lugareños. Su fama crece verano a verano, y las sombrillas, cada vez más cerca entre ellas. Llevar todo lo necesario para pasar el día y mucho protector solar.

Punta Perdices es un paraíso escondido que cada verano convoca a más visitantes. (Foto: Mario Rodriguez).
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