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Leyendas

La cuarentena pasará y, poco a poco, volveremos a las rutas para conocer nuestro país. Mientras tanto, empecemos por sus raíces.

Mientras recorremos el Cañón del Triásico, a pocos kilómetros de Villa Unión en La Rioja, Fabián Páez de Runacay Turismo, nuestro guía local nos invita a dejar el lecho seco del río y a subir por una cuesta empinada para tener un mejor panorama de los altos paredones colorados que dominan el cañón. Fabián es el único que habla, y habla bastante, el resto, disfrutamos el paisaje. Hace silencio, comienza la ronda del mate y pregunta: “¿conocen la leyenda del Zonda?”

Más historias. La leyenda de la yerba mate.

Entregó otro mate y, con las manos libres para gesticular, empezó: “Antes que nada les cuento qué es el Zonda: se trata de un viento seco y caliente que sopla entre mayo y octubre que viene del oeste, del Pacífico. Comienza como un viento frío y húmedo que sube la cordillera de los Andes y descarga su humedad en las cumbres y luego desciende seco hacia los valles aumentando la presión atmosférica y la temperatura. A veces llega de manera violenta, con fuertes ráfagas de más de 90 kilómetros por hora y arrastra gran cantidad de polvo”. Toma su mate apurado para no perder el hilo y sigue: “Los cambios bruscos en la presión atmosférica y en la temperatura causan en algunas personas dolores de cabeza, trastornos cardiovasculares y crisis asmáticas, además, afecta el estado de ánimo de la gente con cambios de humor, depresión y ansiedad. Por si fuera poco, el vendaval puede causar incendios, caída de árboles, voladura de techos, interrupción de servicios, etc. Bueno, ya saben que es el Zonda, ahora la leyenda”.

“Cuentan los ancianos que les contaron sus ancianos que en el tiempo de los diaguitas, vivía un joven muy fuerte y valiente llamado Gilanco que sobresalía entre sus compañeros por su destreza para cazar con el arco y la flecha, y aseguran, que jamás erraba un disparo. Pero el chango tenía un gran defecto: la soberbia, que lo empujaba a demostrar que era superior, que todo lo podía.

También mirá. La leyenda de Ansenuza (o Mar Chiquita).

‘Sólo se cazan los machos adultos, las hembras preñadas y sus crías se respetan o desatarán la furia del dios Yastay’ decían los mayores. La tierra proveía lo suficiente para el sustento de esta tribu de agricultores y cazadores, pero no se debía hacer abuso de los recursos”.

El Cañón del Triásico en La Rioja, un lugar con muchas historias. (Foto: Mario Rodriguez).

“Gilanco desafiaba las leyes de su tribu, y mataba a los animales sin necesidad alguna, solo para demostrar que podía, incluso su vanidad lo llevaba a presumir de las matanzas. Esta actitud enfureció a Yastay, el dios protector de los animales, que se le apareció para advertirle que si seguía matando animales por diversión recibiría un inmenso castigo. Gilanco le obedeció, pero solo por unos días, luego prosiguió con las masacres desafiando al dios que se le presentó por segunda vez, ahora para condenarlo: “te condeno eternamente a correr como el viento por los valles con las furia de tu edad y llevarás el color de la sangre de tus víctimas. Solo te perdonaré cuando la gente de los pueblos que atravieses te acepten como un viento bondadoso”.

“Desde ese día, el Zonda o Huayra Puca (viento colorado) es el alma de Gilanco que pena por los valles en busca del perdón de Yastay, pero primero tiene que conseguir que la gente lo quiera”.

Finalmente, para evitar confusiones, Fabián aclara que: “esta historia se repite en todo cuyo y el NOA pero los pueblos la hacen propia, la hacen local con datos y ‘condimentos’ que van cambiando de acuerdo a las vivencias propias de la gente de cada lugar”.

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