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Sky Porch es uno de los atractivos principales del parque temático Wansheng Ordovician en China

¿Te gustan las emociones fuertes? ¿No sufrís de vértigo? Entonces en el parque temático Wansheng Ordovician, en China, te vas a divertir de lo lindo, aunque a muchos, colgados de un puente sin barandas, les tiemblen las piernas.

El Wansheng Ordovician es un parque de atracciones extremas ubicado en municipio chino de Chongqing construido en lo alto de una montaña de 1.300 metros de altura, que después de visitarlo, difícilmente se olvide.

Entre las propuestas que ofrece el complejo y que representan todo un desafío, aún para los amantes de las alturas, se destacan el puente elevado sin barandas, la pasarela de cristal suspendida y las hamacas que se balancean sobre un acantilado.

Atracciones con altura

El Sky Porch, es una plataforma transparente en forma de “A” que sobresale unos 80 metros desde la pared rocosa que la sostiene a 300 metros de altura, por encima de la cascada Taurus. En este lugar, los amantes de la adrenalina pueden pasar la noche en una carpa.

Sky Porch en el Parque Temático Wansheng Ordovician-China
El Sky Porch en una pasarela transparente que vuela a 300 metros de altura en el Parque Temático Wansheng Ordovician. (Foto: www.ichongqing.info)

El columpio más alto del país es otro de los atractivos del parque, allí los más audaces (siempre con arnés de seguridad), pueden mecerse a 300 metros del suelo.

Columpio-Parque Temático Wansheng Ordovician-China
Hamacarse sobre un acantilado a 300 metros de altura es un divertimento solo para los osados. (Foto: www.ichongqing.info)

Finalmente, los puentes colgantes a 123 metros sobre un acantilado, son de esas experiencias de viaje para los amantes de las emociones fuertes. En uno de ellos se camina sobre varillas de metal huecas y resbaladizas, en otro, los “peldaños” hechos con sogas dificultan la estabilidad, y un tercero, tiene los peldaños separados entre medio y más de un metro, de manera que hay que saltar entre ellos. Obviamente, quienes se animan a cruzar estos puentes deben estar sujetos a un arnés, y no es raro que algún osado termine colgando sobre el precipicio, o que el personal del parque tenga que ayudarle a terminar el recorrido.

Los puentes colgantes de este parque temático chino, pueden ser una divertida experiencia o una verdadera tortuta. (Around The World / YouTube)

Un éxito de locos

Durante la última temporada alta, antes de la aparición del coronavirus, el parque recibió diariamente más de siete mil visitantes. Una cifra más que considerable teniendo en cuenta las particularidades del lugar. ¿A cuál de los atractivos te subirías: al Sky Porch, al columpio o a los puentes colgantes?

Coloridos, antiguos, modernos estos lugares son reconocidos en el mundo por su llamativa arquitectura independiente de su credo. Mirá cuáles son.

Conocé y enamorate de algunas de las cavernas más raras y llamativas del mundo.

En la costa este del Pacífico neozelandés se encuentra el pequeño pueblo de Porangahau, se trata de esos tantos lugares que no llaman la atención y que pasaríamos de largo sin detenernos pero, la localidad, de apenas 200 habitantes, tiene una colina de solo 305 metros de altura que ha sido bautizada con el nombre más largo y difícil de pronunciar del mundo.

Taumatawhakatangihangak oauauotamateaturipukaka pikimaungahoronukupokaiwhe nua kitanatahu es el nombre que tiene 85 letras y que en lengua maorí significa “El lugar donde Tamatea, el hombre de rodillas grandes, que se deslizó, trepó y tragó montañas, conocido como devorador de tierras, tocó la flauta a su ser querido”. El vocablo rinde homenaje a la protagonista de una leyenda maorí y, los lugareños, para no complicarse la vida, simplemente le dicen Taumata.

El llamativo nombre ha convertido al lugar en una visita obligada y, cada año, son miles los turistas que recorren la isla y se acercan hasta Porangahau para posar para la foto junto al famoso cartel con el nombre de la colina.

El Libro Guinness de los Récords registra desde hace años a colina neozelandesa como el lugar con nombre más largo pero, surge la polémica, porque el nombre completo original de Bangkok está formado por 17 palabras con 163 letras: Krung thep maha nakorn amorn ratana kosin­mahintar ayutthay amaha dilok phop noppa ratrajathani burirom udom rajaniwes­mahasat harn amorn phimarn avatarn sathit sakkattiya visanukamprasit que traducidas a nuestro idioma significan “Ciudad de los ángeles, la gran ciudad, la ciudad de joya eterna, la ciudad impenetrable del dios Indra, la magnífica capital del mundo dotada de nueve gemas preciosas, la ciudad feliz, que abunda en un colosal Palacio Real que se asemeja al domicilio divino donde reinan los dioses reencarnados, una ciudad brindada por Indra y construida por Vishnukam”.

Un pueblo de Gales tiene la nada despreciable cantidad de 58 letras. (Foto: Tosca Weijers/123RF).

Europa, para no quedarse atrás, también tiene un lugar con nombre largo, se trata de un pueblo galés en la isla de Anglesey cuyo nombre se compone por 58 letras: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch o, en castellano, “Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilio cerca de la gruta roja”, aunque por razones obvias para los vecinos es LlanfairPG o, más corto aún, LPG.

Fuente: www.lavanguardia.com

Palacio de Westminster en Londres

Palacios y jardines, príncipes y princesas, pero también rock, punk y arte rebelde. Todo en la misma ciudad, Londres, la gran capital a orillas del Támesis.

Por Graciela Cutuli

Londres se consagró como urbe global antes incluso de que existiera el concepto: a la cabeza del tentacular Imperio Británico, recibió durante siglos influencias, culturas, sabores y aromas llegados de los más alejados rincones del mundo. Y supo transformarlos en la riqueza de una capital que está siempre a la vanguardia. Esa mezcla de apego a las tradiciones, encarnadas especialmente en la monarquía, con la vanguardia que supo tener su apogeo en el Swinging London de los 60, conforma gran parte de su encanto. 

Para el viajero lo tiene todo: gastronomía cosmopolita, museos que se cuentan entre los más importantes del mundo, palacios y monumentos. Por ahí andan aún la sombra de Shakespeare y de Dickens, de Sherlock Holmes y de Harry Potter: y la belleza se muestra por doquier y no solamente -como dice un viejo proverbio inglés- en los ojos de quien mira.

Londres patrimonial

El GPS del viajero indica que hay que empezar por el barrio de Westminster, en la orilla norte del Támesis: allí se encuentran el Palacio de Westminster (The Houses of Parliament) con su archifamoso Big Ben, la Catedral y la Abadía de Westminster, donde están las tumbas de los reyes y otras personalidades británicas, entre ellos los grandes poetas del Reino Unido. Todo el conjunto forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco. Y por si fuera poco aquí el Real Observatorio marca el meridiano de Greenwich, que indica la “hora de Greenwich” a partir de la cual se ordenan históricamente los restantes husos horarios del mundo. 

Tower Bridge, el antiguo puente levadizo aún permanece en funcionamiento. (Foto: Sborisov / 123RF).

Desde allí -tal vez el más auténtico corazón de Londres- se puede llegar fácilmente a pie a otros lugares emblemáticos: tomando por Parliament St. se desemboca en Trafalgar Square, con la famosa estatua del Almirante Nelson, y la National Gallery (a la vuelta está también la imperdible Portrait Gallery). De yapa se habrá estado a unos metros solamente de Downing St. y su prestigioso número 10, la dirección del primer ministro británico. Si se toma en cambio Victoria St. desde el Big Ben, se pasará frente a la Abadía de Westminster y, tras seguir en la misma dirección pero con un pequeño desvío al norte, se llegará frente al Palacio de Buckingham, con su célebre cambio de guardia. 

La Guardia de la Reina, soldados responsables de la seguridad en el Palacio de Buckingham. (Foto: Tupungato / 123RF).

A esta altura, aunque uno crea haber visto mucho recién empieza: y si bien los tiempos generalmente tiranos obligan a elegir, sí o sí hay que conocer la Torre de Londres (allí están los famosos cuervos, lo menos famosos beefeaters y las deslumbrantes joyas de la corona), el Museo Británico con su monumental colección de obras de arte y arquitectura “importadas” de medio mundo (desde momias egipcias hasta los disputados frisos del Partenón, además de la Piedra de Rosetta entre otras joyas de la humanidad); el London Bridge que atraviesa el Támesis; el London Eye, la rueda gigante con la que Londres recibió al año 2000; la Biblioteca Británica (con manuscritos desde Leonardo da Vinci a Jane Austen y los Beatles) y los teatros del West End. Entre un lugar y otro siempre se puede descansar en los magníficos parques y jardines, como Hyde Park o Kensington Gardens, donde brilla el más auténtico césped inglés.

Muy probablemente cada uno elija también su propio recorrido temático (o de shopping, en tentadoras avenidas como Oxford, Regent’s o Carnaby Street). En Londres hay visitas guiadas a pie -algunas con opción a la gorra, como es cada vez más frecuente en muchas ciudades- que recorren los lugares de interés según la perspectiva del rock, los Beatles, los grandes escritores, los crímenes de Jack el Destripador o Sherlock Holmes (el detective que además tiene su propio museo en la mítica dirección 221B Baker Street, casi enfrente del Museo de Cera de Mme. Tussaud, el paraíso de las selfies con celebridades de todo tipo). Si el viajero es fanático de Harry Potter, no dejará de ir a la estación de King’s Cross, para ver el andén 9 ¾ y el carrito incrustado en la pared que permite pasar al mundo mágico, y si es un amante de los Beatles no podrá dejar de rendir homenaje a los “fab four” en el “paso de cebra” de Abbey Road. Así es Londres: uno más de los “ombligos del mundo” y una fastuosa capital cultural en pleno siglo XXI.

El andén 9 ¾ en la estación de King’s Cross, para los fanáticos de Harry Potter. (Foto: Massimo Parisi / 123RF).
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