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Oceanía

Con sus 120 kilómetros de largo por 25 de ancho, Fraser Island, situada en la costa este de Australia, a 30 kilómetros de Brisbane, es la isla de arena más grande del mundo, y mucho más. Se accede a ella por medio del transbordador y solo se permiten los vehículos todo terreno para recorrerla.

 “K’gari” como la llamaron sus primeros habitantes, la tribu de los batchulla, puede traducirse como “paraíso” y según cuentan las leyendas aborígenes australianas, los dioses querían un paraíso en la tierra así que eligieron este lugar, lo poblaron de bosques, lagos, dunas y especies de animales únicas, un verdadero paraíso terrenal.

Fraser Island, Patrimonio de la Humanidad desde 1992, es un enorme banco de arena de 1600 kilómetros cuadrados en donde crecen frondosos bosques tropicales, lagos de cristalina agua dulce, gigantescas dunas además de ser el hábitat de una fauna y una flora difícil de encontrar en cualquier otro lado del planeta.

Entre sus sitios imperdibles se destaca la 75 mile beach, una inmensa playa con 120 kilómetros de arena blanca, con selva de un lado y mar turquesa del otro, aunque las fuertes corrientes y la presencia de medusas y tiburones desalientan a los bañistas que eligen un chapuzón seguro en algunos de los lagos de la isla.

El lago Mckenzie, el más popular entre los turistas, se nutre solo de lluvia y sus aguas son transparentes como un cristal dejan ver la arena extremadamente suave y fina. En el camino hacia este lugar, numerosos carteles advierten sobre la presencia de dingos, se trata de perros salvajes que vagan libremente por la zona y pueden ser muy agresivos.  

Fraser Island es un cementerio de barcos que han naufragado en sus costas a lo largo de los siglos. El más conocido es el El Maheno ShipWreck, luego de encallar en 1935, fue utilizado como blanco para practicar el lanzamiento de bombas al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hoy es un casco oxidado varado en la playa que sigue atrayendo la atención de los visitantes de la isla.

Al norte del naufragio, en las arenas coloreadas de pináculos se pueden ver los 72 colores de las formaciones de arena que son el resultado de la erosión del viento, la lluvia y la fusión de arena con la arcilla, durante miles de años.

Privilegiada por su ubicación y calidad de vida, la principal ciudad de Australia es famosa en todo el mundo por el edificio de la Ópera, pero tiene mucho más para descubrir.

Primero lo primero: Sídney no es la capital de Australia (que es la pequeña Canberra) y sí es la gran rival de Melbourne. Pero le lleva varios cuerpos de ventaja porque tiene un as en la manga: y ese es su famosísima Ópera, un icono de clase mundial que aparece en todos los mapas de emblemas turísticos al nivel de la Torre Eiffel en Francia, el Coliseo en París o el Empire State en Nueva York.

Por lo tanto, la Ópera de Sídney será el primer lugar para visitar al llegar hasta este extremo del mundo que tiene una ventaja para los viajeros sudamericanos: al compartir hemisferio, no habrá grandes cambios en materia de clima tras cruzar medio planeta para llegar. La ópera se inauguró a comienzos de los años 70 y fue construida sobre un proyecto del arquitecto danés Jorn Utzon, que en su momento causó escándalo: era demasiado cara y demasiado innovadora, con su forma de velero sobre el mar, para lo que era aún una sociedad muy tradicional de raíces rurales. Utzon finalmente fue desplazado, pero su obra se convirtió en un símbolo y hoy está entre los lugares más visitados de la ciudad, sea para asistir a un concierto o simplemente para disfrutar el paseo y tomar un trago a orillas de la bahía, a la sombra de sus gajos blancos.

La Ópera de Sydney, con su forma de velero sobre el mar, es uno de los lugares más visitados de la ciudad. (Foto: Jonghyun Kim / 123RF).

Casi tan famoso como la Ópera es el Harbour Bridge, el puente que atraviesa el puerto. Todos los 31 de diciembre se lanzan desde aquí los fuegos artificiales de Año Nuevo -el 1º de enero llega aquí antes que a casi todo el mundo- y las imágenes dan la vuelta al mundo por su espectacularidad. Inaugurado en los años 30, el puente tiene 503 metros de largo y alcanza 134 metros de altura. Hoy se lo puede cruzar en tren, en auto o en bicicleta: y si se es muy valiente, también se puede trepar a pie en una travesía de aventura con arneses que ofrece vistas increíbles sobre Sídney y la Ópera.

Desde el Sydney Harbour Bridge se lanzan los espectaculares fuegos artificiales de Año Nuevo. (Foto: Jovannig / 123RF).

Entre la Ópera y el puente está Circular Quay, un puerto de pasajeros y área turística con paseos, centros comerciales, parques y restaurantes. En Año Nuevo es uno de los puntos de congregación de los australianos y turistas para los festejos. Además, es uno de los nodos de transporte de la ciudad y está a pasos del barrio histórico The Rocks, donde comenzó la colonización de la ciudad y hoy se encuentran, entre los callejones adoquinados, algunos de los pubs más antiguos de la ciudad. Es un lindo paseo para recorrer entre artistas callejeros y negocios de todo tipo.

Circular Quay, es un puerto de pasajeros y área turística con paseos, centros comerciales, parques y restaurantes. (Foto: Vermeulen-Perdaen / 123RF).

Un poco más al sur Darling Harbour es otra zona portuaria y el lugar de donde salen los barcos de crucero que recorren la bahía de Sídney. Hay centros comerciales, restaurantes, el hermoso Chinese Garden of Friendship y una serie de museos que tientan para quedarse todo el día: entre ellos el Museo Marítimo con sus barcos antiguos, el maravilloso Acuario para descubrir la vida marítima de Oceanía, el Museo de Cera Mme. Tussaud’s y el Wildlife World (esta suerte de pequeño zoo urbano es ideal para descubrir la fauna australiana, desde koalas a canguros, ornitorrincos o el curiosos y casi intimidante casuario).

Y si uno quisiera tener una visión de conjunto, nada mejor que visitar la Sydney Tower Eye, semejante a la CN Tower de Toronto o a la Sky Tower de Nueva Zelanda: esta altísima construcción de 309 metros permite pararse en una plataforma a los 251 metros y observar todos los barrios de Sídney en 360 grados. Felizmente hay ascensores, pero siempre están ahí sus 1504 escalones para los más valientes.

Y finalmente, aunque queden fuera de la ciudad Sídney tiene dos lugares más muy populares: Bondi Beach, a siete kilómetros, la playa de los surfistas que ya son leyenda en Australia, y las Blue Mountains, un área natural montañosa a 50 kilómetros que comprende varios parques nacionales y permite toparse con canguros en libertad.

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