Cruce de los Andes por agua

El Cruce Andino atraviesa la cordillera a través de tres lagos y enlaces terrestres en bus para unir Bariloche con Puerto Varas en Chile.

Desde Bariloche, punto de partida de nuestro viaje, nos trasladamos en bus unos 25 kilómetros hasta Puerto Pañuelo. El camino que bordea el lago Nahuel Huapi ofrece postales de películas con sus construcciones de estilo suizo, rodeadas de cuidados jardines.

Lago Nahuel Huapi, azul intenso

Con el panorama del Llao Llao, zarpamos de Puerto Pañuelo a bordo del Gran Victoria, el catamarán con el que navegamos durante una hora por el Nahuel Huapi. Una llovizna persistente satura el verde de la vegetación costera. Los tres bocinazos que toca el capitán a modo de saludo al atravesar el Islote Centinela rompen el silencio, allí descansan los restos del Perito Francisco Pascasio Moreno, considerado el padre de los parques nacionales. El recorrido continúa entre montañas y cascadas que se abren paso entre la selva valdiviana que tapiza las costas. Puerto Blest a la vista.

(Foto: Mario Rodriguez).

Una vez en el muelle, el lugar invita a perderse en alguno de los senderos del Parque Nacional Nahuel Huapi, pero hay que seguir. En bus, durante tres kilómetros, atravesamos el bosque bordeando el río Frías con sus particulares aguas verdes y lechosas –aportadas por uno de los glaciares del cerro Tronador–, hasta llegar a nuestro próximo puerto.

Lago Frías, espejo verde

Embarcamos en Puerto Alegre para recorrer el lago Frías durante 25 minutos. Alimentado por las abundantes precipitaciones de la zona y por los arroyos que bajan del glaciar Frías del Cerro Tronador, cuyas aguas le dan la peculiar coloración verde. Por ser el de menor tamaño, la exuberante costa está mucho más cerca y nos deja ver cómo los árboles invaden el paisaje hasta el agua. Personalmente me pareció el más lindo de los tres lagos.

En Puerto Frías hacemos los trámites aduaneros y luego, en bus por dos horas para ingresar a Chile. En Peulla, pequeño puerto en el lago de Todos los Santos hacemos migración y almorzamos antes del último trayecto lacustre.

(Foto: Mario Rodriguez).

Lago de Todos los Santos, color esmeralda

Iniciamos el recorrido del último lago, esta vez en aguas chilenas. Al rato de navegar, el capitán detiene la marcha y se acerca a la costa; la cascada de ochenta metros de altura bien merece fotos desde todos los ángulos. Llegamos a Petrohue. Abordamos el último bus que, bordeando el lago Llanquihue, nos lleva a destino final.

Puerto Varas es una pequeña ciudad de alrededor de 40.000 habitantes, fruto de la inmigración alemana que se asentó a orillas del lago Llanquihue. La arquitectura, e incluso la gastronomía, dan muestras concretas de la influencia germana.  

(Foto: mihtiander/123RF).

De vuelta

Al navegar, nos cambiamos de lado para disfrutar de “la vereda de enfrente”. La selva valdiviana, con sus más de 3.000 milímetros anuales de lluvia, alberga coihues, alerces, cipreses, lianas y enredaderas. Esta vez con sol, los distintos verdes de cada especie dibujan un paisaje de esos que son para mirar, difíciles de describir. Las nueve horas de recorrido pasan volando y el Llao Llao, esta vez de frente, nos recibe en su bahía.

Post relacionados

Dejar un comentario

GDPR