Esteros del Iberá, naturaleza a flote

Visitamos junto a Walter Chetoba uno de los humedales de agua dulce más importantes del mundo, un mundo semisumergido donde es difícil distinguir entre lo que flota y lo que no.

Es de noche cuando entramos a Colonia Carlos Pellegrini. No fue un ingreso silencioso, el viejo puente madera ofrece un resonante “clap, clap, clap” en todo su recorrido que delata a todo el que entra o sale.

En Ñandé Retá Lodge nos reciben con café recién hecho y alfajores de maicena. La pizarra anuncia un tentador menú para la cena, pero, quedará para después de la salida nocturna a los esteros del Iberá.

Dos imperdibles de los Esteros del Iberá, los paseos en lancha y los atardeceres. (MARIO RODRIGUEZ).

“Iberá es una palabra guaraní que significa aguas brillantes” comenta Darío, nuestro guía y piloto. Después de equiparnos con salvavidas y linternas, la lancha avanza y el agua refleja muchas más estrellas de las que estamos acostumbrados. De pronto el motor se apaga y el silencio y la oscuridad son absolutos. La linterna de Darío hace brillar los ojos de un yacaré negro, que ni se inmuta cuando la embarcación le pasa muy cerca. Un poco más lejos, una pareja de chajás es iluminada, milagrosamente guardan silencio mientras el yacaré agita su cola y desaparece.

El recorrido continúa por uno de los tantos canales hasta acercarnos a la costa que parece abrirse a nuestro paso. Las linternas buscan, pero no logramos distinguir nada entre la vegetación flotante. “Miren bien”, aconseja Darío y, como si estuvieran amaestradas, las pequeñas crías de yacaré comienzan a moverse para que podamos verlas.

El puente de ingreso a Colonia Carlos Pellegrini delata a quien entra o sale de la localidad. (MARIO RODRIGUEZ).

Naturaleza en tierra firme

Martín, guía de día y bandoneonista de noche, nos conduce por la mañana hasta el sendero Carayá para observar a los monos carayá o aulladores. El camino es un didáctico recorrido con carteles que identifican las distintas especies vegetales y animales que habitan la zona. La vegetación, en algunos sectores, es tan tupida que el día se hace noche y, arriba, en las copas altas de los árboles, los potentes aullidos del macho dominante erizan la piel.

Las largas pasarelas permiten penetrar en el quieto paisaje semisumergido de los esteros. (MARIO RODRIGUEZ).

Con protector solar iniciamos el recorrido costero de la laguna Iberá. Las largas pasarelas se elevan sobre el paisaje quieto que ofrece un desafío visual permanente. La maraña de plantas semisumergidas y la tierra que el viento arrastra, tejen islotes llamados embalsados. La cabeza de un carpincho –el roedor más grande del mundo– emerge entre lo que asemejaba ser un prado sólido, un ciervo de los pantanos parece flotar sobre la vegetación y más allá, una garza mora aterriza en el agua sin hundirse. 

Canales

Los paseos diurnos en lancha circulan por los arroyos Miriñay y Corrientes. Las tranquilas aguas ofrecen un circuito relajante y la vista no encuentra ningún obstáculo más allá de la vegetación baja que flota. Numerosos canales invitan a recorrerlos, pero queda la sensación de lo fácil que sería perderse en este mundo de referencias cambiantes.

Para completar el avistaje, un ciervo de los pantanos se alimenta sumergido en los pastizales de los embalsados, una mamá carpincho se aleja con sus cachorros y, en la superficie, garzas y numerosas aves hacen pie. Los chajás denuncian nuestra presencia con su clásico grito, un hocó colorado desenvuelve su largo cuello y atrapa una anguila y, al pasar por debajo del viejo puente rumbo al Miriñay, un grupo de niños se zambulle entre risas a pesar de que está prohibido. Las columnas de alta tensión son el refugio nocturno para cientos de biguás que se reúnen para dormir. Es impagable el regreso, con el sol de frente que desaparece en el horizonte y tiñe todo de rojo, y el spray de agua que moja la cara en cada curva.

Fauna autóctona

En Camba Trapo, ubicado 12 kilómetros de Carlos Pellegrini, el paisaje cambia. Si bien el agua es la protagonista, ahora son las palmeras caranday las que ocupan los terrenos inundados. Una caminata nos permite observar la vida natural de la zona, que ahora suma a las vacas y los caballos de las grandes estancias que allí se encuentran.    

En Camba Trapo, las vacas, los caballos y las palmeras caranday se suman al paisaje correntino. (MARIO RODRIGUEZ).

CÓMO LLEGAR

El aeropuerto más cercano es el de Posadas, Misiones (a 200 kilómetros). Desde allí se pueden contratar transfers hasta Colonia Carlos Pellegrini. El siguiente aeropuerto por cercanía es el de la ciudad de Corrientes (a 370 kilómetros).
No hay colectivos directos a Mercedes, por lo que hay que ir hasta Corrientes y hacer la conexión. Desde Mercedes, hay servicio diario de minibús a Colonia Carlos Pellegrini y algunos alojamientos suelen ofrecer el transfer en camionetas 4×4.

CONSEJOS

Si bien la oferta en hospedajes es amplia y variada en general se tratan de emprendimientos pequeños por lo que te aconsejamos hacer una reserva previa.
Acordate de traer protector solar, anteojos de sol y repelente de insectos. Ropa cómoda y de manga larga. Tené en cuenta que en el pueblo no hay farmacias, bancos ni cajeros automáticos.
Después de Mercedes, hay asfalto por 20 kilómetros más, luego, son ochenta y tantos kilómetros de ripio que no siempre están en buen estado. Por eso, es aconsejable preguntar en Mercedes por el estado del camino, más aún si ha llovido los días anteriores. Además, hay que tener en cuenta que en este tramo no hay estaciones de servicio ni señal de celular.

MÁS DATOS

coloniapellegrini.gov.ar

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