Leyenda del Huala

Cuentan las antiguas voces que en los valles cordilleranos de Neuquén vivía una niña mapuche llamada Huala. La pequeña jugaba con sus amigos y ayudaba a su familia en los quehaceres de la ruca (vivienda), y también le encantaba ir en busca de agua al lago cercano, allí pasaba mucho tiempo viendo su reflejo mientras peinaba su larga cabellera.

Huala no se imaginaba que por debajo de aquel reflejo los ojos del maligno “Cuero” la observaban. Esos ojos vieron como, día tras día, la niña se convertía en una hermosa mujercita y, como hasta los monstruos aman, se enamoró profundamente de la joven.

Cierto día, mientras Huala llenaba su cántaro en el lago, el Cuero emergió bruscamente de las profundidades, se desplegó y rápidamente envolvió a la joven que solo alcanzó a emitir unos gritos ahogados que advirtieron a sus padres y amigos que acudieron en su ayuda, pero ya nada se podía hacer, el monstruo jamás devolvía a sus presas. De pronto, la orilla se llenó de peces, ese era el precio que el maligno ser pagaba por llevarse a la mujer.

(Foto: Dmytro Pylypenko/ 123RF).

El Cuero arrastró a Huala hasta una gruta en las profundidades y allí, al ver los despojos de animales, cuerpos disecados y cabezas humanas desperdigadas por todos lados, la joven se desvaneció.

Al despertar, el Cuero se había transformado en un apuesto joven que le declaró su amor:

-Te prometo que si quieres ser mi esposa te trataré con cariño y dulzura.

Huala, angustiada y llorando, le reclamó:

-Yo sólo quiero seguir viendo a mis padres, la ruca donde he nacido y la comarca donde he sido tan feliz.

Era tal la tristeza que había en los ojos de la joven que el Cuero aceptó su pedido pero con la condición de que nunca debería abandonar el lago. Fue así que transformó a la mujer en un ave parecido a un pato, pero con alas y patas más cortas, para que no pudiera volar ni alejarse del lugar.

Desde entonces, la Huala habita los lagos patagónicos en los que nada con gran agilidad y se sumerge hasta lo más profundo de las aguas. Dicen que al ver a una persona emite un grito angustioso, como cuando fue capturada por El Cuero y se acerca a la orilla con la ilusión de que algún día se rompa el hechizo y vuelva a ser libre.

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