Piriápolis, para recargar energías

En un tranquilo ambiente familiar, el balneario uruguayo tiene kilómetros de playas, altos cerros y lugares llenos de energía y misterio.

20 kilómetros de playas, tres cerros, puerto, aerosilla, rambla y es el balneario uruguayo más cercano para los argentinos.

Amanecía y ya estaba despierto cuando, el ruido de las máquinas soplahojas en la calle, me hizo abrir los postigos del hotel Argentino. La gente de mantenimiento municipal prepara el terreno para otro día de playa. Con tiempo antes del desayuno, arranqué la caminata hasta el puerto. En el camino me crucé con pocas personas, la ciudad todavía duerme. El señor con vincha que paseaba dos perros, la pareja de “viejitos”en bici, que intuí, podrían hacer el trayecto con los ojos cerrados. La mujer sola, en la inmensa playa, que no soltaba ni el libro de su mano izquierda, ni el mate de la derecha. Además de otra cuadrilla de trabajadores que podaba los árboles sobre la vereda de la rambla. Todos me saludaron.

Antes del muelle hay un sector lleno de piedras semisumergidas que remplazan a la arena en donde las gaviotas y garzas se hacen un festín.

En el puerto de Piriápolis hay embarcaciones de todo tamaño y costo, todas tienen nombre. Los lanchones de los pescadores, llegan con la pesca del día que luego se anuncia en las pizarras de las pescaderías de la zona, pescadilla, cazón, angelito, pejerrey y lisa, son algunos de los pescados en venta.

En busca del desayuno pego la vuelta, mientras la ciudad comienza a moverse y las playas a poblarse. Ya hay gente al trote por la arena y algunos niños se le animan al agua. Me cruzo con el señor de los perros, transpirado, me saluda de nuevo.        

Historia de Piriápolis

Francisco Piria, inspirado en los balnearios europeos de la belle epoque, fundó en 1890, Piriápolis. Cuando por esos años, la gente aún no acostumbraba a bañarse en el mar. El empresario compró 2.700 hectáreas de campo con cerros y playas en la costa uruguaya. Piria, fue un conocido alquimista y, dicen, que fueron los fuertes campos energéticos de la zona, los que lo llevaron a elegir el lugar. Incluso la ciudad tiene en su diseño, símbolos propios de la alquimia, los que le otorgan su aura mística.

Ubicada en el departamento de Maldonado, a 98 kilómetros de Montevideo y a 40 de Punta del Este. Piriápolis tiene cerca de 10 mil habitantes que se multiplican por tres durante el verano.

En el puerto de Piriápolis confluyen los lujosos yates con los lanchones de los pescadores (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Catálogo de playas

La playa más popular es la del centro y la que, durante la temporada estival, reúne a gran cantidad de charrúas y argentos. Se encuentra sobre La rambla de los argentinos, y es el centro comercial de Piriápolis con paseos de compras, restaurantes y bares.

Para frenar la acción del mar sobre la arena, está dividida por espigones -muros de cemento perpendiculares a la costa-, y sus aguas calmas suelen transformarse en una gran pileta. Tiene además un espacio en donde practicar deportes acuáticos como el windsurf, jet Ski, etc., y la infaltable banana boat, y otro con canchas de vóley y fútbol playero.

La playa del centro de Piriápolis reúne a miles de veraneantes uruguayos y argentinos. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Hacia el oeste, para los que buscan playas tranquilas, tienen para elegir. Playa Grande es el balneario más pequeño del lugar, con zonas rocosas en donde se forman piletas naturales. A cuatro kilómetros del centro, Playa Hermosa está protegida del viento por rocas. La silenciosa Playa Verde, a cinco kilómetros, con el cerro a su espalda, es ideal para el relax. Las Flores, a siete kilómetros, es la playa en donde los locales practican deportes y pescan. Bella Vista, es una playa angosta muy familiar, con canto rodado y rodeada de naturaleza, a nueve kilómetros del centro. A 12 kilómetros, Playa Solís es la más alejada, tiene dunas alrededor y se ubica en la confluencia del arroyo Solís con el Río de la Plata.

Las playas ubicadas hacia el oeste de la ciudad son menos concurridas y con el mar más agitado. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

Después del puerto y el cerro San Antonio, hacia el este de la ciudad, las olas de la playa San Francisco son las elegidas por los surfistas. Punta Colorada es la más pintoresca, con su rocas coloradas hundiéndose en el mar, ideal para la pesca. Punta Negra, a 10 kilómetros de Piriápolis, ofrece playas casi vírgenes y muchas olas.

Qué conocer

Un paseo muy recomendado es la visita al Cerro San Antonio. Se puede acceder en aerosilla, en auto o a pie. En el camino se puede ver a la Virgen de los Pescadores con increíbles vistas. En la cumbre, desde el templo de San Antonio, se observan la bahía, el puerto y el centro de la ciudad.

Muy cerca, la Fuente de Venus es otra obra de Francisco Piria. Copia de los templos de Venus en Italia y Francia, está rodeada por espacios verdes y juegos infantiles, ideal para una visita familiar.  Por uno de los caminos laterales a la fuente, se llega al Cerro del Toro, en donde se encuentra la estatua de hierro de un toro del que brota agua mineral de su boca.

Ubicada en un parque, la Fuente de Venus está rodeada de espacios verdes y juegos infantiles. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

A solo 7 kilómetros del centro se puede visitar el Castillo de Piria, que fue el lugar de residencia del fundador de Piriápolis, abre de 10 a 17 horas.

El Castillo Pittamiglio tiene una imponente fachada de estilo medieval y gran cantidad de símbolos. Fue la residencia del alquimista Humberto Pittamiglio, discípulo de Piria. Entre sus curiosidades se observan pasillos que no conducen a ningún lado y el baño, en vez de espejo, tiene una ventana desde donde ver el Cristo Redentor ubicado en el jardín.

Imponente por fuera, pequeño por dentro, el Castillo Pittamiglio forma parte de la ruta mística. (Foto: MARIO RODRIGUEZ).

El hotel Argentino, la obra cumbre del fundador de Piriápolis. Con más de 300 habitaciones, es uno de los grandes atractivos de la ciudad, recorrerlo es un viaje en el tiempo ya que mantiene el mobiliario original con el que fue inaugurado en 1930.

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