Por el norte: casonas, museos, estancias y el Cerro Colorado

Dejamos la Estancia Santa Catalina y ahora el recorrido “Descubrí tu Norte” nos lleva hasta Villa del Totoral, son 40 kilómetros por los caminos internos de la zona atravesando pintorescos parajes como Cañada del Río Pinto y Sarmiento.

Casonas de Villa del Totoral

Desde la plaza central de Totoral, acompañados por su Directora de Turismo, Lorena Diana, recorremos el circuito de las 25 casonas antiguas, que además de estar muy bien conservadas, tienen una importancia histórica porque algunos de sus dueños han sido personalidades destacadas dentro de las ciencias, el arte y la política.

La casa de Deodoro Roca, cierra el paso de lo que era la calle La Paz. El dirigente fue uno de los ideólogos de la Reforma Universitaria de 1918 y autor del Manifiesto Liminar que abrió paso a la democratización de la educación superior en América Latina. Hoy, la casona pertenece a la familia Brasca.

El general Justo Sócrates Anaya, que participó en la guerra de la Triple Alianza, en 1913, motivado por la salud de su hija Rosario, construyó una mansión señorial a la que llamó Villa Rosarito. Allí pasaba los veranos con su familia hasta que, después de la muerte de su hija, nunca volvió. La casa estuvo abandonada por casi 90 años hasta que fue adquirida por Angelina Salas Crespo, una tucumana que la restauró. Hoy, en esta casa museo se hacen visitas guiadas, eventos culturales e incluso se ofrece como alojamiento. Un atractivo extra del lugar es la leyenda sobre el fantasma que habita la casona.  

En 1905, el doctor Gregorio Aráoz Alfaro adquiere y remodela una casona que habitaba con su familia en sus vacaciones, durante su estadía atendía gratuitamente a la gente humilde de la localidad. La casa pasa a manos de su hijo Rodolfo, dirigente comunista que durante la guerra civil española albergó al escritor exiliado, Rafael Alberti y su esposa. Otro de sus visitantes fue el poeta chileno Pablo Neruda.

La Estancia San Huberto ofrece una estadía tranquila, buena comida y muy confortable. (Foto: Mario Rodriguez)

Por la noche nos alojamos en la estancia San Huberto, ubicada muy cerca de Totoral, el establecimiento cuenta con cuatro habitaciones dobles lo que garantiza tranquilidad y seguridad sanitaria, tan buscada en estos tiempos. Luego de la cena, las guitarras suenan hasta tarde frente a una fogata que no quiere apagarse.

Las Peñas, Churqui Cañada y Cerro Colorado

A 20 kilómetros de Villa del Totoral llegamos a la localidad de Las Peñas en donde visitamos el museo municipal Gunisacate. Ubicado frente a la plaza principal, el lugar ofrece cuatro salas temáticas en donde se destaca una importante muestra arqueológica y la sala dedicada a la cantante Ginamaría Hidalgo, quien supo visitar a una amiga en la localidad y ofrecer un recital a beneficio del Club Social.

El museo municipal Gunisacate de Las Peñas ofrece una muestra muy interesante dividida en cuatro salas temáticas. (Foto: Mario Rodriguez)

En Churqui Cañada, sobre el Camino Real, fuimos disfrutamos de un rico asado en la estancia El Palomar, una casona de 1895 en donde se puede pasar la noche y disfrutar del paisaje y tranquilidad del ambiente rural.

La Estancia El Palomar, en Churqui Cañada, es un antigua casona en donde alojarse a pocos kilómetros del Cerro Colorado. (Foto: Mario Rodriguez)

Con la “panza llena y el corazón contento” iniciamos el recorrido de los 10 kilómetros que nos separaban de nuestra última parada: el Cerro Colorado. Lamentablemente la lluvia nos impidió llegar hasta los aleros en donde se encuentran las pictografías pero aprovechamos para pasar más tiempo con Mariela y Matías, dueños de la cantina La Salamanca, restaurante y centro cultural, en donde se difunden la música, costumbres y “sabores” del norte cordobés. En el patio, debajo del tala y “en épocas normales”, hay peñas y bailes en piso de tierra. Juanto a la cantina, nuestros anfitriones crearon Casa Pozo, en donde se recrea a una vivienda comechingona con la intención de mostrar como era la vida de nuestros pueblos originarios. El viaje se cierra con mateada, cada uno con el suyo, y alfajores de algarroba. Sigue lloviendo, pero no importa.

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